De Ecuador a Brasil, flotilla de pueblos indígenas navega para hacerse escuchar ante los líderes mundiales en la COP30
• La Flotilla Yaku Mama recorre más de 3000 kilómetros desde los Andes hasta la Amazonía para presionar a los gobiernos en la COP30 a soltar los combustibles fósiles, escuchar a las comunidades y tomarlas en cuenta para soluciones.
• Integrantes de la flotilla indígena contaron a Mongabay Latam la perspectiva que buscan aportar en las negociaciones climáticas, en las que quieren evitar la “mercantilización de la Amazonía”.
• Además, plantean que se sume al debate la protección de los defensores del territorio a las políticas climáticas.
• Pese a la falta de accesibilidad al evento, representantes indígenas buscarán mecanismos para ser tomados en cuenta en las mesas de negociación.
Mongabay Latam (extracto)
Desde los glaciares andinos hasta un extremo de la Amazonía, representantes de comunidades, organizaciones y movimientos indígenas navegan en la Flotilla Yaku Mama por los ríos de esta región con un destino y un mensaje claros: llegar a la ciudad de Belém, en Brasil, para exigir a los líderes mundiales que escuchen a los pueblos originarios y que sean tomados en cuenta en las decisiones frente a la crisis climática en la COP30, la cumbre climática global.
La flotilla inició el viaje el 16 octubre en la ciudad del Coca, en Ecuador, y planea llegar este 7 de noviembre a la ciudad donde se realizará la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30). Buscan exigir que se respete el derecho de pueblos indígenas a decidir sobre sus territorios, a ser considerados para una transición energética justa que no implique nuevas zonas de sacrificio a través de la minería, la extracción de petróleo y monocultivos. También plantean recibir financiamiento directo que les permita implementar soluciones ante los efectos climáticos se viven en sus territorios.
Para los participantes de este viaje de más de 3000 kilómetros, se trata de una protesta y al mismo tiempo un llamado por la justicia climática —un principio que nombra la desigual responsabilidad de los países y empresas por los efectos del calentamiento global— así como por frenar el uso y la explotación de combustibles fósiles, especialmente dentro de la Amazonía.
Esto ocurre en un momento crítico para la Amazonía, que en 2024 tuvo una pérdida inédita de 4.5 millones de hectáreas de bosque primario por la deforestación y los incendios, de acuerdo con un reporte del Proyecto de Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP).
Una mirada distinta a bordo
Alexis Grefa, joven del pueblo Kichwa de Santa Clara, en la Amazonía ecuatoriana, sostiene que la flotilla es un sueño que organizaciones y comunidades indígenas venían trabajando desde hace años. Buscaban compartir experiencias, amenazas y alternativas ante la crisis socioambiental que viven en la región.
Para el joven activista, la organización de la COP30 en la Amazonía es un buen momento para reunir esas experiencias que se asemejan. “Todos estamos luchando frente al extractivismo, sobre todo enfocados en las temáticas que se van a abordar con fuerza en esta COP: combustibles fósiles, la minería y la transición energética”, sostiene el integrante del colectivo Quipa, dedicado a la defensa de la naturaleza y el patrimonio biocultural en alianza con comunidades y organizaciones.
Aunque estos temas han estado presentes en las diferentes mesas de trabajo de la COP, Grefa precisa que se abordan desde perspectivas que buscan “mercantilizar” la Amazonía y a los territorios indígenas, lo que termina en “falsas soluciones”.
“Desde la Flotilla intentamos cambiar la mirada a una mucho más enfocada en el conocimiento ancestral de los pueblos indígenas, que han sabido sobrellevar y proteger los territorios por muchos años”, explica el representante kichwa.
Ante la cada vez mayor evidencia científica que indica que el reconocimiento de tierras a pueblos indígenas es crucial para las metas de conservación, Grefa puntualiza que las iniciativas de los pueblos indígenas amazónicos deben ser incluidas en la toma de decisión a través de la “financiación directa”.
Previo al inicio del viaje, los integrantes de la flotilla se reunieron en Quito, capital de Ecuador, para hacer una confrontación con la historia, al ser la ciudad donde inició la expedición de Francisco de Orellana en 1541 que derivó en la colonización de la Amazonía.
“La Flotilla Amazónica Yaku Mama invierte simbólicamente esa ruta de conquista en una de conexión, honrando la resistencia de los pueblos indígenas y el primer levantamiento continental de 1992, con el objetivo de que el mundo, finalmente, escuche las voces de los territorios”, señaló la iniciativa.
Leonardo Cerda, representante kichwa de la comunidad de Serena, en Ecuador, precisa que el viaje de la flotilla también ha permitido escuchar las voces de otros pueblos indígenas, un ejercicio que, considera, deberían incluir las políticas públicas ambientales y climáticas para que las decisiones no se tomen solo desde los escritorios y mesas de negociación, sino también desde los territorios.
Cerda sostiene que los pueblos indígenas amazónicos agregan otra mirada a la conversación climática, la del Kawsak Sacha o Selva Viviente, un concepto kichwa que reconoce al ecosistema como un ser vivo integral y con el que hay una conexión material y espiritual.
Un viaje que conecta los conflictos amazónicos
La Flotilla Amazónica ha establecido conexiones históricas y socioambientales en las escalas y territorios que visita.
La travesía inició en los hielos del glaciar Cayambe, donde comunidades kichwas realizaron una ceremonia ancestral para recordar la conexión entre los páramos y los ríos amazónicos a través del agua. Después conocieron el proceso de la agrupación Yuturi Warni, la primera guardia indígena liderada por mujeres en la región y que está bajo presión de la minería legal e ilegal.
En Coca —ciudad del norte de la Amazonía ecuatoriana donde en 2020 se derramaron 5800 barriles de crudo— se realizó un funeral de los combustibles fósiles y una marcha, como un acto simbólico para denunciar décadas de contaminación.
“Fue muy importante hacer este ritual porque para nosotros el consumo de combustibles fósiles y el extractivismo han representado muerte y aniquilación de pueblos hermanos”, dice Cerda sobre comunidades enteras en la provincia de Sucumbíos, Ecuador, con impactos en la salud y desplazadas de sus territorios por la industria petrolera.
La ruta continuó en el Parque Nacional Yasuní, una de las zonas más biodiversas del planeta y parte de la Amazonía ecuatoriana, donde en 2023 la ciudadanía ecuatoriana votó a favor de frenar la extracción de petróleo.
Para Cerda, se trata de un lugar emblemático por esta decisión. Sin embargo, advierte que en las negociaciones de la COP30 se deberá atender cómo salir de la fase de consumo de combustibles fósiles y optar por energías renovables. “Nosotros, como pueblos indígenas, no podemos ser presa fácil”.
Del lado de la Amazonía peruana, en Iquitos, la flotilla también conversó con comunidades que implementan manejos forestales y de monitoreo, ante la tala de bosques y la minería ilegal.
“Estamos intercambiando las experiencias de lucha, de resistencia, pero también las de monitoreo, de guardias, de conocimientos ancestrales. Estos intercambios son soluciones prácticas contra los procesos extractivos que se están dando en la Amazonía”, detalla.
Defensores de la Amazonía y del territorio
Otra de las líneas de acción de la flotilla rumbo a la COP30 es integrar la protección de los defensores del territorio en todas las políticas climáticas.
El nivel de amenaza para quienes defienden la Amazonía es alto. En solo unos días, los defensores Efraín Fuérez, Rosa Elena Paqui y José Alberto Guamán fueron asesinados durante el paro nacional en Ecuador, convocado principalmente por comunidades indígenas y campesinas contra medidas gubernamentales y la expansión del extractivismo en sus territorios. Sin embargo, esta situación afecta a toda América Latina, que concentra el 82 % de los asesinatos y desapariciones contra defensores ambientales y del territorio en el mundo, de acuerdo con el informe reciente de la organización internacional Global Witness.
Para Lucía Ixchiu, mujer maya k’iche, de Iximulew, Guatemala, y coordinadora indígena del BILM, la realidad centroamericana también debe abordarse no solo en la flotilla sino también llegar a las mesas de trabajo de la COP30. “Es parte también del interés de articularnos en esta flotilla de gente tan diversa porque somos múltiples realidades las que enfrentamos. De esto no se habla en la COP, por eso estamos haciendo este acto desesperado, para seguir posicionando las historias y luchas de los pueblos”, comenta Ixchiu, quien vive exiliada tras haber documentando la tala ilegal en su comunidad, en Guatemala, un país que incrementó cinco veces los asesinatos de defensores en 2024, de acuerdo con Global Witness.
Contradicciones y retos rumbo a Brasil
Si bien los representantes indígenas de la flotilla amazónica son escépticos de las decisiones que se puedan tomar en la cumbre climática, consideran que el hecho de tener la atención del mundo es una oportunidad para mostrar la crisis climática en la Amazonía y presionar a los gobiernos al momento de definir metas y presupuestos.
Pese a considerarlo un espacio “cooptado” por la industria petrolera y minera, Cerda apuesta por llamar la atención sobre las amenazas que actualmente enfrenta la Amazonía.
“Nosotros también hacemos incidencia, pero desde la flotilla. Creemos que la incidencia viene desde los territorios. Podemos llamar la atención para que el mundo vea lo que está pasando en nuestros territorios”, señala el líder kichwa.
Mientras la flotilla amazónica realizaba su viaje, el gobierno de Brasil aprobó la perforación exploratoria de petróleo cerca de la desembocadura del río Amazonas con el Atlántico, a unas semanas de celebrar la cumbre climática.
El permiso otorgado a la estatal Petrobras se ubica en una región denominada Margen Ecuatorial, considerada una de las zonas con mayor potencial de petróleo y gas en el país. Para los integrantes de la flotilla, este tipo de decisiones son las que están acercando a la Amazonía a un punto de quiebre.
“Se está priorizando el dinero sobre los pueblos indígenas, sobre la crisis climática y realmente no se buscan decisiones efectivas para contrarrestar el cambio climático”, considera Cerda.
“En medio de las contradicciones de la humanidad, nosotros también nos encontramos ahí, en un momento muy contradictorio, muy complejo y desesperanzador, pero también hay otras cosas ocurriendo que solo la destrucción”, afirma Ixchiu.
Será difícil que los escuchen, pero por lo menos dejan su protesta por la forma que se trata a la tierra.
En el «Toxic Tour», integrantes de la flotilla indígena recorrieron las cicatrices del petróleo en la ciudad del Coca, Ecuador. Foto: cortesía Levi Tapuia / Flotilla Yaju Mama.
Los integrantes de la flotilla hicieron un ritual en el glaciar Cayambe para recordar la conexión entre los páramos y los ríos amazónicos a través del agua. Foto: cortesía Tassio Lopes / Flotilla Yaku Mama.
La flotilla indígena realizó un funeral simbólico de los combustibles fósiles en la ciudad del Coca, Ecuador, cuyas poblaciones han sido impactadas por esta industria. Foto: cortesía Luis G. Franco / Flotilla Yaku Mama.
Lucía Ixchiu, mujer maya k’iche.
Alexis Grefa, joven del pueblo Kichwa.
Leo Cerda, uno de los voceros de la flotilla indígena.



