Ecuador News vivió el drama en la prestigiosa Universidad de Brown
El abuelo que fue por el nieto tras el tiroteo
Néstor Espinosa
Director Adjunto
Cinco minutos después de las 4 de la tarde del sábado 13 de diciembre de 2025, los estudiantes escucharon los disparos. Y menos de 12 horas después, el semestre en la prestigiosa Universidad de Brown había sido cancelado.
Apenas 10 horas más tarde, el supuesto culpable de la acción que dejó 2 muertos y 9 heridos graves fue capturado; ese fue el reporte de las autoridades. Pero al cabo de otras 10 horas se informó que él no había sido.
El misterio continuaba, lo mismo que el dolor y preocupación de los familiares de los 11000 estudiantes que reúne el claustro calificado como de la “Ivy League”, es decir, figura entre las 8 universidades más prestigiosas de EE.UU. Harvard y Columbia son otras dos.
Entre los familiares me encontraba yo. Mi nieto Nicholas Espinosa Sánchez es uno de los 602 jóvenes que allí estudian medicina, tras haberse graduado de biología. Tres horas de conocer la situación, junto a sus padres, Nicolás y Shirley, decidí ir por él hasta la ciudad de Providence, estado de Rhode Island, cuatro horas distante de Nueva York.
Gracias a lo que estuvimos conversando telefónicamente, pudimos hacer una reconstrucción de lo ocurrido.
Vestido de negro
La casi totalidad de estudiante se encontraban en exámenes finales del presente semestre. La normal concentración dentro de las aulas se vio interrumpido por algo que estaban todos lejos de imaginar: disparos dentro del edificio de ingeniería y física “Barus & Holley”.
Nicholas, al igual que todos los estudiantes de Brown, mantienen en sus celulares una aplicación en las que profesores y personal administrativo mantienen contacto con ellos. Esta vez no se trató de un anuncio de cambio de salón o de entrega de calificaciones, sino una alerta de seguridad. Además, peligrosa. Se les ordenó permanecer donde se encontraran, asegurar puertas y ventanas y sostener algo en las manos para defenderse. Si estaban fuera, refugiarse en el primer sitio que encontraran.
A los pocos minutos se supo que un hombre vestido totalmente de negro y empuñando un arma de fuego estaba disparando. Quien quiera que fuera, aprovechó que la mayoría de aulas permanecen abiertas durante las horas de clases y que -hay que decirlo- no hay barreras complicadas para quienes deambulan por allí. El atacante decidió convertir en su mortal objetivo a unos 60 alumnos que repasaban sus libros de economía antes del examen. Varios estaban sentados, otros caminando entre mesas o simplemente conversando.
Mi nieto que ocupa un cuarto independiente, se resguardó junto a un escritorio de metal tras haber asegurado bien la puerta y la ventana que da a la parte interior del edificio. Entretanto, a unas tres cuadras de donde estaba él, otros corrían despavoridos, o se ubicaban debajo de las mesas y desde la calle compañeros suyos los escucharon pidiendo auxilio y gritando aterrorizados.
Llegaron rápido
De acuerdo a la agencia noticiosas AP News+1, el recuento oficial confirmó 2 estudiantes muertos y 9 personas heridas, la mayoría estudiantes de Brown. Entre los fallecidos se encontraban Mukhammad Aziz Umurzokov, un joven de 18 años con aspiraciones de convertirse en neurocirujano, reconocido por su humildad y compromiso comunitario; y Ella Cook, de 19 años, vicepresidenta de los Brown College Republicans y recordada por su fuerte presencia comunitaria y valores de fe.
Los heridos, que fueron trasladados inmediatamente al Rhode Island Hospital, presentaban diferentes grados de lesión; uno permanecía en condición crítica, mientras que otros se les diagnosticaba estables o fueron dados de alta conforme avanzaba la madrugada del domingo.
Ese saldo trágico bien pudo ser mayor de no haber sido por la rápida respuesta de las autoridades, que llegaron al campus en cuestión de minutos: la policía de Providence, numerosas agencias federales, agentes del FBI y y del Bureau of Alcohol, Tobacco, Firearms and Explosives (ATF).
Con rapidez se establecieron puestos de control, las calles alrededor del edificio del incidente se cerraron y cuando el sol empezaba a desvanecerse, lo que ocurre en esta época de invierno a las 4 de la tarde aproximadamente, muchos familiares empezaron a aparecer en la zona.
En ese momento ya se había informado que la universidad, profundamente conmocionada, canceló todas las actividades académicas restantes del semestre, incluyendo exámenes, clases y proyectos, liberando a muchos estudiantes para que regresaran a sus hogares o quedaran con acceso a servicios de apoyo emocional.
BuscandoLO
Como es habitual en la policía de Estados Unidos, la búsqueda del asesino comenzó de inmediato e involucró a 400 agentes especiales, tal vez por la importancia del centro estudiantil atacado. A título de información, uno de los alumnos es el hijo del hombre más rico del mundo, Elon Musk.
Lo primero que se encontró en los vídeos de vigilancia fue la figura rechoncha de un hombre, todo de negro, saliendo del edificio y girando por una esquina, a pocos segundos de los disparos. Se le consideró “persona de interés” y rápidamente se le ubicó en un hotel en Conventry, a unos 22 millas de Providence.
Otras imágenes compartidas por los investigadores, lo mostraban antes y después del tiroteo, deambulando por ahí. Tal vez buscando un objetivo o buscando a alguien. Que una de las víctimas haya sido una activista republicana, genera suspicacias,
Poco a poco a los padres se nos iba informando de la situación. Antes que nadie supimos que el capturado era Benjamín Erickson, proveniente de Wisconsin, ex militar laureado y especialista en disparos a larga distancia. Estaba en el hotel, según su versión, porque su apartamento cercano a la Universidad se había inundado. En su poder se hallaron dos armas y los investigadores empezaron a cotejarlas con las vainillas halladas donde supuestamente había ocurrido los disparos.
de nuevo
Todos creímos que el caso estaba cerrado, tanto que los muchachos empezaron a caminar tranquilamente de nuevo por la zona. En mi caso ya estaba con Nicholas, visiblemente nervioso, y me extrañó que muy pocos policías hacían rondas y los corresponsales de TV estaban desarmando cámaras y luces.
Entrada la mañana del domingo nos enteramos que a la “persona de interés”, un estudiante de Brown, no se le pudo comprobar nada, es decir, la investigación arrancaba de nuevo. El nerviosismo cundió de nuevo entre los estudiantes que aun no desalojaban la universidad. Resultaba obvio que el atacante seguía libre por ahí y podría disparar de nuevo.
A lo largo del fin de semana y el lunes siguiente, la comunidad de Brown y el público en general expresaron su dolor y consternación. Vigilias improvisadas se organizaron en el campus y fuera de él; amigos y compañeros colocaron flores, notas y mensajes de homenaje para los fallecidos, transformando los espacios académicos en lugares de memoria, comenta el medio británico The Guardian.
Autoridades universitarias y líderes estudiantiles hicieron énfasis en la necesidad de apoyo emocional, destacando servicios de asesoría psicológica para quienes presenciaron el tiroteo o resultaron heridos, y para quienes simplemente luchaban por comprender cómo un día ordinario se convirtió en una tragedia mortal, señaló The Washington Post.
En el ámbito político, la matanza reavivó el debate sobre la violencia con armas de fuego en Estados Unidos. Figuras públicas y defensores del control de armas alzaron la voz, citando estadísticas y llamando a reformas legislativas profundas para prevenir que tragedias similares continúen ocurriendo en instituciones educativas y espacios públicos, consideró el Town & Country.
Jornada dolorosa
Por ahora, Providence y Brown University transitan un período de duelo prolongado. Las aulas vacías, los pasillos silenciosos y el peso de la pérdida han dejado una marca imborrable en una institución bicentenaria que siempre ha promovido la apertura intelectual y el pensamiento crítico. La pregunta que resuena entre estudiantes, profesores y familias no es solo quién cometió el ataque, sino cómo sanar una comunidad después de un acto de violencia tan devastador.
Mientras la investigación continúa y se esperan más detalles oficiales sobre el autor del tiroteo, lo que permanece claro es que el sábado 13 de diciembre de 2025 se convirtió en una de las jornadas más dolorosas en la historia reciente de Brown University —y un recordatorio brutal de la vulnerabilidad de los espacios educativos ante la violencia armada.
Para mí lo más importante es que había recogido al nieto, pero siento pena por las familias de los fallecidos, que quizá hace ya cinco años estuvieron conmigo en la bienvenida de los nuevos alumnos.
Pero lo mas doloroso es que el culpable sigue suelto.



