EN NAVIDAD UN CÚMULO DE FELICIDAD
Por: Holguer Mariano Jara
Mientras las ciudades se visten de luces y los escaparates exhiben la magia de la Navidad, para quienes cada día luchan contra la pobreza, esta celebración es una danza entre la esperanza y las limitaciones económicas. No hay mucho que festejar, porque miles de ecuatorianos perdieron su empleo, fueron asesinados hijos, padres, mujer, esposo, muchos negocios cerraron sus puertas.
La Navidad en Ecuador es un fuerte reflejo de la desigualdad social, donde se celebra la fe y la familia en todas las clases, pero con recursos y oportunidades radicalmente diferentes, a menudo criticado por quienes exponen la brecha entre ricos y pobres.
La Navidad es un contraste marcado entre la opulencia de algunos políticos y la precariedad de los pobres, donde millones enfrentan dificultades para una cena digna mientras otros disfrutan lujos, una realidad evidenciada por las cifras de pobreza y las campañas de ayuda a los más necesitados, aunque figuras políticas llaman a la esperanza y la solidaridad; la desigualdad sigue siendo un tema central en la narrativa navideña ecuatoriana.
Algunos políticos, como el presidente Daniel Noboa, envían mensajes de fe y futuro para los desposeídos, buscando conectar con el espíritu de la época, mientras los políticos tienen de sobra, millones de compatriotas luchan por alimentos básicos.
Quienes han escogido el “noble y redituable oficio de la política” aprovechan la temporada navideña hasta el 6 de enero para tomarse la foto con niños y niñas, dándoles una funda de caramelos que no pagan impuestos o les sobran en su casa. Los discursos plagados de clichés, son una notable falta de creatividad, muestran la pobreza del lenguaje político actual y su incapacidad para movilizar emociones en una época tan emotiva como la Navidad.
Esas malas decisiones cobran factura, nos gana la nostalgia, el sentimiento, el anhelo de sentir el calor de la familia y por desgracia escucharemos discursos de buenos deseos de felicidad y prosperidad, pero estas palabras, no regresarán a las familias que perdieron sus seres queridos por la violencia de los narcos y tampoco les dará de comer a miles de niños y familias con hambre.
Los problemas sociales no se resuelven con buenos deseos y bendiciones. Hace falta trabajar para que el Nuevo Ecuador se haga realidad y esto lo debemos entender todos los ecuatorianos. La felicidad de un pueblo no se logra con 12 dólares como incremento al salario. Hay que hacer realidad las frases mediáticas y vivir con dignidad, producto de un empleo bien pagado.
A dos años del noboísmo sólo se cambiaron los rostros a unos cuantos ministros, pero se mantuvieron los mismos modos y mañas. Los escándalos de corrupción no recaen por completo en los viejos políticos, sino en las mismas filas del partido que, de forma mesiánica, prometía extirpar del país la causa de todo mal. Los únicos felices en esta época son los políticos cuando reciben sus jugosos aguinaldos, son un mundo aparte, parece que la felicidad navideña es un requisito del cargo. Pese a todo ¡FELIZ NAVIDAD!.



