HACER LA LETRA CHICA, GRANDE
ROSALÍA ARTEAGA SERRANO
Siempre me preocupó, pero ahora con mayor razón, la letra chica de los frascos y envases de medicinas, así como también la que consta en esos pequeños papelitos que acompañan a esos envases.
A veces veo a los médicos que recetan, a los farmacéuticos y empleados de boticas, a las enfermeras, estirar los brazos, ajustarse los anteojos y hacer esfuerzos ímprobos para leer los papelitos y los envases de marras.
Por supuesto, yo, hace tiempo que he renunciado a intentar siquiera leer esa letra diminuta, que parece decrecer con el tiempo y que nos causa tantos problemas a quienes ya no somos unos jovencitos y cuya capacidad visual disminuye como consecuencia del paso de los años.
Por qué no hay una exigencia de parte de los ministerios del ramo, de las autoridades competentes, de hacer que la letra tenga un tamaño razonable, considerando sobre todo las dificultades que esto entraña para las personas de la tercera edad, que tienen que leer, sobre todo a posología, para estar seguros de ingerir los medicamentos en las dosis adecuadas.
Seguramente nos evitaríamos muchas dificultades y confusiones solo con agregar unos puntos o unos milímetros a esas letras que parecen hechas y colocadas especialmente para evitar su lectura.
Y eso que no hablamos de la letra chica de los contratos, a eso nos referiremos en otra ocasión, por los innumerables problemas que produce su falta de accesibilidad en términos de lectura y que tantos equívocos y dificultades legales producen.



