UNA NAVIDAD PLENA
ROSALÍA ARTEAGA SERRANO
Es verdad que la temporada navideña viene con una sobrecarga de actividades, porque además inmediatamente sobreviene el cierre del año y eso a nivel de empresas e instituciones, significa que hay que cerrar un período, pagar las cuentas, solventar los pendientes y prepararse para el año venidero.
Pero también es una época que viene con su propia carga de ilusiones, de ver a personas que no se ha visto en largos años, de disfrutar las caras sonrientes de los niños a quienes se regala unos caramelos o juguetes, sentir que hay espacio para la solidaridad, para el abrazo sincero, para las cartas o correos que se leen con emoción, para intentar ver el lado positivo de muchas cosas.
No creo que se necesite mucho para una Navidad Plena, lejos de la barahúnda comercial, de la algarabía, de los ruidos, del tráfico congestionado, hay que encontrar el espacio para compartir con quienes uno ama, para tomar ese chocolate caliente que conforta también el alma y para rezar las plegarias que hacen que el espíritu se llene de paz.
Mirar con optimismo el porvenir no es tarea fácil en este mundo complicado, con guerras declaradas y las que se instalan y entran por la trastienda como lo que ocurre en nuestro país, pero también es verdad que los paisajes maravillosos del entorno pueden ayudar a crear ese ambiente que necesitamos.
Las celebraciones que más nos llenan tienen que ver mucho más con la calma que con la bulla y el estrépito, más con el abrazo solidario, más con la satisfacción de hacer las cosas de manera adecuada, más con el ejercicio de la solidaridad, más con las lecturas disfrutadas en conjunto, más con la tranquilidad y la paz.
Por ello, deseo desde esta columna, lo mismo que deseo para mis hijos y nietos, para mi familia, un regalo de navidad que signifique seguir con salud, seguir en paz, seguir feliz.



