EL ESTADO SE DEBE REFORMAR
Por: Holguer Mariano Jara
Ecuador se encuentra ante una oportunidad histórica para redefinir su rumbo. Con un riesgo país jamás logrado, no es exagerado afirmar que podría convertirse en un punto de inflexión: o consolidamos una ruta de transformación o seguimos aplazando los cambios que la ciudadanía lleva décadas reclamando.
El crecimiento económico no puede seguir siendo medido únicamente por cifras macroeconómicas, sino por su capacidad real de transformar vidas. Esperamos una economía sostenida y creciente, pero sobre todo diversificada, capaz de disminuir la dependencia de sectores tradicionales y abrir espacio a nuevas industrias.
El crecimiento debe tener una brújula ética, que los beneficios lleguen a todos, especialmente a quienes históricamente quedaron en la periferia del progreso. Debemos reafirmar que el bienestar económico, solo es legítimo cuando es compartido.
La ciudadanía espera y merece un sistema de justicia que funcione. No podemos seguir arrastrando expedientes emblemáticos que se han convertido en símbolos de la impunidad y desgaste institucional. Que los delincuentes y corruptos de corbata o poncho, sean encarcelados.
No se trata de venganza contra quienes desfalcaron el erario nacional, hipotecaron el presente y futuro del pueblo, sino de responsabilidad y aplicación de la justicia con ética. Una justicia que cierre sus procesos icónicos y recupere la confianza ciudadana.
La democracia exige que cada quien responda por sus actos, sin distinciones ni privilegios. Solo así recuperaremos la confianza en las instituciones y enviaremos un mensaje inequívoco: en Ecuador, la ley se respeta y se aplica a todos. Basta de instituciones intocables como: Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, Corte Constitucional, Asamblea Nacional, Consejo de la Judicatura, convertidos en cueva de indeseables oportunistas y atrasa pueblos.
El país no puede afrontar el futuro con un Estado diseñado para el siglo pasado e impuesto por las mafias. La fragmentación institucional, la dispersión normativa, la burocracia ineficiente y la incapacidad de respuesta ante desafíos contemporáneos reclaman una reforma integral del Estado.
Este año tiene que ser el punto de partida de una transformación profunda: modernización administrativa, rediseño de competencias, transparencia radical, simplificación de trámites, institucionalidad robusta y un sistema político que represente de verdad a la ciudadanía. Una reforma del Estado no es solo un ejercicio técnico, sino un proyecto nacional. Debe marcar el inicio de una nueva etapa para Ecuador: más eficiente, más justa, más moderna, más humana.
El 2026 debe ser recordado como el año en que Ecuador decidió dar el salto hacia adelante. Como el año en que comenzamos, con determinación, a construir una nueva nación.



