¿Y LA JUSTICIA?
ROSALÍA ARTEAGA SERRANO
Uno de los aspectos fundamentales para la vigencia del Estado de Derecho y para el funcionamiento de las relaciones entre las personas, tiene que ver con la presencia de los órganos que tienen que ver con la administración de justicia, con como actúan quienes representan a estos órganos, pero también con la independencia de sus miembros, con la transparencia de sus actuaciones y, por supuesto, con el cumplimiento de las normas y los principios por parte de quienes tienen en sus manos tan altas potestades como el impartir justicia.
Precisamente en los últimos tiempos, esa idoneidad de quienes ejercen las altas magistraturas ha sido puesta en tela de juicio, lo que conlleva a un desprestigio cada vez mayor de la administración de justicia, de los fallos de quienes están a cargo, así como en el pensamiento generalizado de que no importa lo que se haga, la impunidad campea en el Ecuador.
Esto, en un país como el nuestro, que tiene tremendos problemas derivados de la actuación de mafias enquistadas en todos los sectores, con grupos armados violentos a órdenes de los narcotraficantes, viene a configurar una mezcla explosiva que atenta contra la esencia misma del estado de derecho y de la convivencia pacífica entre los ciudadanos.
Este clima de violencia, que se hace presente en la mayor parte del territorio nacional, hace que cualquier iniciativa que se tenga, esté cruzada por la inseguridad y las fatales consecuencias tienen incidencia en la poca inversión, en la escasa capacidad de generación de empleo y en la repetición de los círculos viciosos que concurren con mayor violencia y más pobreza.
Y todo o gran parte tienen que ver con la administración de justicia, lo que está llevando a pensar que vivimos en un estado fallido, que no satisface las necesidades más elementales de sus habitantes.
Una de las obligaciones del Estado es proveer de seguridad a sus habitantes, e infelizmente vemos como, al fallar uno de los poderes, no se está cumpliendo con lo que se espera y con los principios básicos de convivencia. He ahí el gran drama que sufre nuestro país.



