ECUADOR SECUESTRADO POR EL PODER PARALELO
Por: Holguer Mariano Jara
El poder paralelo en Ecuador se refiere principalmente al crimen organizado (narcotráfico), que opera como una entidad con control territorial, económico y social, más fuerte que el Estado ecuatoriano. Imponen sus propias reglas, extorsionando y supliendo funciones gubernamentales, generando violencia e inestabilidad política y debilitando la gobernanza nacional.
Actúa como un gobierno alternativo, los carteles dominan vastas áreas, monopolizan mercados, ejercen poder coercitivo, debilitan el Estado, erosionan la gobernanza, distorsionan la inversión y aumentan la desigualdad. El crimen organizado representa una amenaza directa a la soberanía y capacidad del Estado ecuatoriano para proteger a sus ciudadanos. La soberanía ecuatoriana está golpeada, los grupos criminales se apropian de territorios y gobiernos seccionales.
La soberanía, no es solo un principio jurídico, también implica ejercer control real sobre el territorio, su población e instituciones. Cuando el Estado pierde presencia en ciertas zonas, esa soberanía se vuelve limitada, fragmentada o va perdiéndose en las palabras.
Diversos informes señalan que grupos criminales ejercen poder paralelo en Guayas, Los Ríos, Pichincha, El Oro, Manabí, Esmeraldas, Imbabura, Napo, imponiendo reglas, cobrando “impuestos” y controlando economías locales. Esto se traduce en una especie de “soberanía de facto” de los carteles en esas provincias, aunque jurídicamente el Estado ecuatoriano sigue siendo el soberano.
La soberanía se fortalece no solo con fuerza militar, sino con instituciones legítimas, servicios públicos y confianza ciudadana. La corrupción y la falta de voluntad política permiten que los carteles sustituyan al Estado en muchas provincias. La soberanía no solo se declara, se ejercita.
El (CO) crimen organizado, es una “institución” más en el Estado ecuatoriano. Por desgracia se mesclaron nuestra impavidez, ineptitud, medias verdades, la dilución de responsabilidades, ruptura de las cadenas de mando, la debilidad del Estado y el “que me importa” del pueblo. En esencia, el poder paralelo es una sombra de autoridad ejercida por actores criminales que, mediante la violencia y la corrupción, desafían y superan la capacidad de acción del Estado.
El negocio del crimen se ha diversificado con múltiples organizaciones dedicadas al secuestro, contrabando, prostitución, chantaje, tráfico de armas y combustibles, lavado de dinero, oficinas políticas, funcionarios públicos, militares, policías. El gobierno nacional hasta el momento no ha logrado nada, a excepción de una derrota política y policial, pero sobre todo de imagen.
A este ritmo, el Estado terminará sometiéndose a su voluntad. El poder económico de los carteles les permite adquirir un poder aún más importante y si el Estado no tiene capacidad para defender nuestra soberanía, es indispensables pedir apoyo internacional antes que nos pongan de rodillas y tengamos que vivir secuestrados por el crimen organizado.



