CORRUPCIÓN ES CORRUPCIÓN
Por: Holguer Mariano Jara
Ecuatorianos, cuando adviertan que para producir necesitan obtener autorización de quienes no producen nada, cuando comprueben que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes sino favores, cuando perciban que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted.
Cuando observen que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrán afirmar sin temor a equivocarse, que nuestra sociedad está condenada
No me digan que exagero. La corrupción en el gobierno, las cortes, los partidos, los entes de control, los organismos de salud y un largo etcétera, es decir, el resto del país, están bajo condena, juicio, sospecha o averiguación judicial por cuenta de la corrupción. La corrupción está en el tráfico de influencias o de cargos a cambio de dinero, negligencia en el manejo financiero de dineros públicos, abuso de poder en el ejercicio del cargo, enriquecimiento ilícito a costa de los intereses de la entidad, nóminas paralelas o fantasmas, ejercicio del poder en provecho propio, nepotismo.
Compra y venta de votos, influencia oficial en los procesos electorales, conflictos de intereses, beneficiarse de contratos del Estado o concederlos a cambio de cobro de comisiones. Nombramiento de personas para saquear el erario, donaciones de dineros del Estado a obras sociales o educativas para lograr apoyo político, cohecho, sobornos a funcionarios, subfacturación en importaciones y exportaciones, presiones para fijar tarifas de servicios, recibiendo a cambio comisiones, sobreprecios en costos de equipos y maquinarias, uso de bienes del Estado para fines personales, auto-préstamos temporales con dineros oficiales, robos de materiales, papelería y suministros.
Sobornos en las aduanas, uso indebido de información confidencial, cuentas de gastos infladas, falsificación de documentos para cobrar pensiones u otros beneficios, silencio cómplice ante faltas de otros, contratación o concursos usando testaferros, malversación de fondos, evasión fiscal, compra de licencias de importación.
Ante el incremento de la corrupción y del permanente saqueo al Estado, no es extraño que los organismos de control se sientan impotentes: no hay suficientes leyes o no hay quien las aplique y hay miles de expedientes y muchos desaparecen.
No es solo un problema legal, sino cultural; no basta con el “trabajo” estatal, hay que mover el “trabajo” de la sociedad, porque la ética está por los suelos y ya no hay ley ni Dios ni principios que valgan. Con estas acciones ilegales, dejamos de ser una sociedad y nos convertimos en una horda de corruptos.



