EL FEÍSMO EN LA TELEVISIÓN ECUATORIANA
ROSALÍA ARTEAGA SERRANO
De un tiempo a esta parte, con tendencia a acentuarse, en medio de la transmisión de los programas de televisión, en algunos canales ecuatorianos, se advierte una decisión de pasar propagandas de determinados productos farmacéuticos, en los que, para ponderar la efectividad de tales fármacos, se presentan imágenes vívidas y horripilantes de la situación de las personas enfermas, con lenguas que salen para mostrar su pastosidad, con ojos inyectados por la problemática, de bacterias que normalmente son imperceptibles a la vista, pero que aparecen a través de lentes de aumento en toda la dimensión terrorífica que ocasionan en los cuerpos de los aparentes pacientes.
Lo que empezó con personas que, a grito pelado, recomiendan un fármaco, y lo hacen de manera reiterativa, ahora se complementa con pasajes nauseabundos, con llamadas compulsivas a la compra de remedios que aparentemente matan o expulsan a los bichos amplificados en mención.
Se apela a sentimientos de asco, revulsivos, que, en casos como en el mío personal me hacen apartar la vista, cerrar los ojos o cambiar de canal para evitar el repetitivo pasaje de este tipo de anuncios.
Muchos de ellos se pasan en medio de las noticias, ya de por si horripilantes, de lo que ocurre en el Ecuador y en el mundo, y que nos dejan angustiados frente al futuro.
¿Qué es lo que pretenden este tipo de anuncios? ¿Atemorizar a las personas? ¿Obligar a una compra motivada por el susto o el terror? O consiguen más bien acostumbrar y adormecer a la audiencia, especialmente de niños y jóvenes, de tal manera que se extravía el gusto por lo positivo y lo bueno.
Me quedan las interrogantes y además persiste mi disgusto frente a ese “feísmo” de la televisión, que va dejando muy poco espacio para el disfrute tranquilo y relajante de lo que podría ser algo positivo o ilustrativo y no transformarse en espacios de miedo, de terror y descontento.



