OTRA VEZ LAS REDES SOCIALES
ROSALÍA ARTEAGA SERRANO
La reciente decisión del gobierno francés de restringir el uso de redes sociales a menores de quince años, poner otra vez sobre el tapete de la discusión la eficacia de este tipo de medidas, similares a las asumidas hace más de un año por Australia, sobre todo destinadas a precautelar la salud mental de niños y adolescentes, más susceptibles de abordajes maliciosos a través de las redes, pero también de distorsionar los procesos educativos y formativos.
La verdad es que, si bien aplaudimos la medida, no estamos seguros de cuan fácil sea aplicarla, ya que el uso de celulares y otros aparatos electrónicos como tabletas y laptops, se ha vuelto tan generalizado, que es casi imposible el controlar su uso.
Para ello es necesario contar con la colaboración de las empresas dueñas de las redes sociales, para la detección de usuarios menores de edad, pero también es fundamental la convicción y cooperación de los padres de familia o responsables de las mismas y por supuesto, de los maestros en las escuelas y establecimientos educativos.
Sin ese trabajo colaborativo, no es posible conseguir que las nuevas normativas se apliquen y sean eficientes, y que lleguemos al objetivo de evitar la influencia de las redes sociales en mentes infantiles y juveniles, que están en proceso de formación y que son tan influenciables por los estímulos que proveen este tipo de herramientas.
Se habla de algoritmos depredadores, ciberacoso y contenidos dañinos que, infelizmente, tienen gran impacto en las mentes juveniles y tienen también consecuencias en su comportamiento social, en su relacionamiento con los otros, llámense familia, entornos escolares y sociales.
Los mecanismos de cumplimiento de la normativa pasan por la supresión de las cuentas de menores de edad, pero hay que revisar qué “lagunas” se encuentran en su aplicabilidad para que sean más efectivas en su ejecución.



