LA POBREZA ES VIOLENCIA ESTRUCTURAL
Por: Holguer Mariano Jara
Una de las cosas que más nos cuesta imaginar a la clase media ecuatoriana, con vidas medias, salarios medios, alimentación a medias, vestidos a medias, educación a medias, es cómo se arreglan las familias para vivir, quienes perciben un tercio o un cuarto, o casi nada, de lo que otros ganan.
Realmente es una contabilidad imposible, porque no hay manera de cuadrar el dinero que entra con los gastos que se enfrenta. ¿Cómo se puede vivir así?, tal vez, siendo un equilibrista con el dinero, planificando cada compra como si estuvieras desactivando una bomba. Lo cierto, debemos renunciar a muchas cosas; casi nunca se puede comprar aquello que se quiere, o lo que se necesita, sino lo que se puede, con lo poco que se tiene.
Cuando vives con tan poco dinero, poquísimo trabajo, cualquier pequeño evento se transforma y diariamente se pelea con la contabilidad imposible y los aleja de una vida digna, para sumirlo en la impotencia frente a la crisis económica que lo ahoga.
Vivir en pobreza extrema es una situación desgastante, que va más allá de la falta de dinero, afecta la salud mental, limita las oportunidades educativas y laborales, destruye el cordón familiar y se experimenta como una violencia estructural que genera sentimientos de desesperanza y culpa, hasta maldecir la vida.
La pobreza y miseria son un legado monumental sobre la pobreza estructural, la injusticia social y la resistencia humana frente a sistemas que castigan a los vulnerables. Esta figura se reconoce en los niños y jóvenes que crecen entre carencias extremas y entornos sin movilidad social y terminan emboscados en un sistema que los juzga, discrimina y los hunde en el fango de la miseria,mientras la opulencia económica de otros, sólo los ve morir de hambre.
La pobreza no es un defecto moral, es una condición creada por estructuras que niegan educación, empleo y seguridad. Hay que denunciar la indiferencia de un Estado incapaz de atender las necesidades de los más pobres y que muestran la distancia entre la Ley y la Justicia. Es imprescindible reconocer que la pobreza es violencia estructural y está ligada con la injusticia, desigualdad y la exclusión social, fenómeno que desemboca en la noción del juvenicidio, que empuja la estructura social.
Una sociedad se mide por la forma en que se trata a los más vulnerables, reconociéndo que la desigualdad sigue siendo una herida abierta, que no la hemos podido cicatrizar. Lastimosamente nadie sabe el dolor del clavo, hasta que lo clavan.



