Una alianza imprescindible
Los recientes procesos electorales en los países vecinos, Perú y Colombia, ponen de manifiesto, con los resultados obtenidos, la afinidad de los mandatarios elegidos con el presidente ecuatoriano, lo que entraña una ventaja relevante a la hora de establecer objetivos y metas comunes.
Una de esas metas, tal vez la más importante en los actuales momentos, es la que tiene que ver con la seguridad, dados los índices de violencia que están asolando el continente y dando lugar a temores que son absolutamente fundados en relación con el avance de las bandas del crimen organizado.
A esto se suman las declaraciones de los presidentes electos Fujimori y de la Espriella con relación a aplicar mano dura en contra de los criminales, responsables de delitos tales como el narcotráfico, la minería ilegal, las extorsiones, las muertes violentas, el reclutamiento de menores, entre otros.
La necesidad de actuar en conjunto se vuelve ahora más imprescindible que nunca, ya que, de no hacerlo, la fuga y penetración de los delincuentes a nuestro territorio, agravaría la situación del país, que ya ha sufrido los embates de las bandas criminales que llegan desde los otros países y con los cuales se puede poner en práctica la teoría del yunque y el martillo, para combatir las consecuencias terribles que los delincuentes están dejando en nuestros países.
El crimen organizado transnacional debe enfrentarse de manera articulada y tocando varios frentes, como el reforzamiento en las fronteras, el fortalecimiento de los sistemas de justicia, atacar el dinero mal habido, lo que permitirá una mayor eficiencia respecto del control de los criminales, a quienes debe dejarse sin los recursos económicos, que es lo que actualmente les da tanto poder y les permite actuar inclusive desde las cárceles.
La imperiosa necesidad de articulación entre los gobiernos y las fuerzas del orden de los tres países y aprovechar la coyuntura de la coincidencia ideológica puede abrir espacio para una lucha más efectiva por conseguir la paz para nuestros territorios.
Rosalía Arteaga Serrano



