ECUATORIANAS EN EL SPACE CENTER
ROSALÍA ARTEAGA SERRANO
Luego de una rigurosa selección en la que intervinieron los colegios y luego las instituciones que organizan la participación de 10 jovencitas amazónicas en el Space Center de Houston, vino el ansiado viaje, el deslumbramiento frente a lo que tenían por delante, un viaje en el que seguramente contrastaron la majestuosidad del entorno en el que viven, las provincias de Sucumbíos y Orellana, el verde intenso de la selva, los sonidos a los que siempre estuvieron acostumbradas, con las largas y anchas autopistas de esta parte de Texas, los aviones y las terminales aeroportuarias abarrotadas, la amplitud de los paisajes que distan bastante de aquello que sus ojos contemplan en su diario vivir.
Sin embargo, la presencia de algunos animales en los alrededores del hotel y del propio campus del Space Center, fueron algo que llamó su atención: unos venados que les contemplan con sus ojos enormes y sus figuras moteadas, unas juguetonas ardillas que aparecen y desaparecen por entre los árboles, algunos de los famosos longhorns o cuernos largos del ganado típico de Texas.
Sentí sus risas frescas al divisar a los animales descritos, de aquellos que, pese al avance de la ciencia y de la tecnología, nos muestran esos atisbos de similitudes que nos son tan queridas.
Luego, la llegada al Space Center, sitio imponente plagado de las máquinas que hacen posible soñar con el descubrimiento del espacio, lugares que se vuelven familiares para el grupo de diez chicas y sus mentoras, ya que aquí trabajan motivadas por su espíritu de aprendizaje, de saber cada día más, de captar las explicaciones y ver cómo se aplican a su entorno.
Porque aquí, en medio de la tecnología y de los avances, las diez jóvenes amazónicas, descubren también como realizar proyectos que ayuden a sus comunidades, que den soluciones a sus problemas, que busquen como proteger su ambiente, como aprovechar los recursos de su región y de su país, sin que eso signifique un deterioro del entorno.
Son retos y desafíos que se preparan a enfrentar, con las herramientas de las que están siendo provistas por los técnicos e instructores, ya que de esto se trata esta visita que tanto la empresa SLB como Fidal han preparado con tanto entusiasmo y antecedencia, para entregar a estas jovencitas que llegan desde el Amazonas, las herramientas que les conduzcan a enfrentar los problemas y a encontrarles soluciones, que aprendan que los sueños se consiguen con trabajo y que la inmensa capacidad de soñar y de inventar de los seres humanos no tienen límites, más allá que los que ellas mismas se impongan.
Abrir la mente, descubrir nuevos horizontes, sin perder de vista sus raíces y su entorno, es el gran desafío de la vida.



