FRANCIA EN LLAMAS
ROSALÍA ARTEAGA SERRANO
Para quienes estudiamos historia, amamos y sentimos el legado de lo que ha construido a lo largo de centurias y milenios la civilización occidental, de la que es parte fundamental la República Francesa, es inconcebible lo que acaba de pasar en los días y semanas precedentes en el territorio de Francia.
Las protestas empezaron con causas justas, con reclamos por la mala calidad de la atención a la educación y por reivindicaciones sociales, pero se degradaron hasta marchas masivas que destruyeron bienes públicos y privados, lo que genera un rechazo por parte de autoridades y la población francesa, horrorizada por lo ocurrido.
El presidente francés Emanuel Macrón, atribuye la escalada de violencia y destrucción a grupos de extrema izquierda y a los delincuentes, quienes llegaron a la toma y saqueo de tiendas y comercios, así como al incendio de una bellísima e icónica construcción del siglo XIX, el edificio de la Municipalidad de la ciudad de Limoges, que sobrevivió a las dos guerras mundiales, pero no al vandalismo de quienes atacan y destruyen y causan la angustia de otras personas.
La reacción del gobierno, pero sobre todo de las poblaciones de Francia y de otros países europeos, se han hecho presentes en marchas exhibiendo los símbolos patrios y también los de la religión católica, demostrando lo que subyace en las relaciones sociales de muchos de los países de Europa, como un enfrentamiento de carácter religioso que trata de salvar la tradición judeocristiana del continente.
Hay que rechazar los vandalismos, vengan de donde vengan, los reclamos ciudadanos no pueden derivar en destrucción de bienes ni tampoco en agresión a las personas, y es lamentable como, muchas veces, la juventud y sus reivindicaciones, son usadas por gente inescrupulosa que medra en medio de la violencia y el caos.
Este tipo de situaciones pone de relieve los enfrentamientos que van más allá de lo coyuntural y que tienen que ver con políticas migratorias, con insatisfacción de necesidades, pero también con la degradación de valores y con la falta de solidaridad y de compromiso con lo que significa una ciudadanía responsable.



