Aún Ecuador y Colombia no llegan a un acuerdo diplomático
De la ‘guerra’ de aranceles ha seguido una ‘guerra’ de palabras
Peligro: La senadora colombiana Sonia Bernal Sánchez respondió a la ministra de Energía de Ecuador, Inés Manzano, tras sus declaraciones en el Foro Económico de la CAF en Panamá. Bernal rechazó que Manzano calificara a Colombia solo como «cliente» en medio de tensiones arancelarias y energéticas, defendiendo la soberanía y el respeto entre ambas naciones. Sobrevinieron malas palabras y empujones. La gente de los dos países rechaza que el problema arancelario llegue a esos límites.
Oficina de redacción en Quito de Ecuador News
El conflicto arancelario entre Ecuador y Colombia escaló hacia fines de enero de 2026 tras la decisión del gobierno ecuatoriano de imponer un arancel del 30 % a las importaciones procedentes de Colombia, medida que entró en vigencia este 1 de febrero de 2026. El Ejecutivo de Ecuador la denominó “tasa de seguridad” y la justificó como respuesta a un deficiente nivel de cooperación bilateral en la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia en la frontera común.
Ecuador sostiene que la balanza comercial con Colombia ha sido históricamente deficitaria (más de US$ 1 000 millones), con importaciones colombianas superando a las exportaciones ecuatorianas. El arancel del 30 % se aplicó a una amplia gama de productos, con efectos directos en bienes de consumo, insumos y materias primas.
Respuesta de Colombia
El gobierno colombiano respondió de forma rápida y contundente, aplicó un arancel recíproco del 30 % a más de 50 productos ecuatorianos, incluyendo alimentos básicos como arroz, frijoles y plátanos, así como neumáticos, calzado e insecticidas. Este paquete de medidas abarca decenas de partidas arancelarias y puede ampliarse en los próximos días.
Además, Colombia suspendió indefinidamente la venta de energía eléctrica a Ecuador, un intercambio que tradicionalmente ha sido significativo, especialmente durante periodos de sequía o baja producción hidroeléctrica en el país andino.
Efectos en el comercio bilateral
El comercio entre ambos países asciende a aproximadamente US$ 2 800 millones al año, con un claro desequilibrio a favor de Colombia (exportaciones mayores a importaciones ecuatorianas).
Los aranceles elevan directamente los costos de muchos productos importados para los consumidores ecuatorianos, incluyendo café, golosinas, repuestos de vehículos, pañales, ropa y productos de higiene, entre otros. Esto podría traducirse en inflación de precios internos si persisten las medidas.
Para Colombia, los aranceles al comercio con Ecuador también afectan a ciertos sectores, aunque en menor escala debido al menor volumen de exportaciones a ese mercado. El impacto de los gravámenes sobre bienes ecuatorianos es particularmente fuerte en rubros como pescado procesado y otros productos agroindustriales.
Energía
e hidrocarburos
La energía es otro punto crítico en este conflicto. La suspensión de electricidad desde Colombia —producto de las medidas recíprocas— tiene implicaciones operativas para Ecuador, si bien el país ha logrado recientemente recuperar reservas de agua en sus embalses que permiten un suministro suficiente a corto plazo sin cortes masivos.
En respuesta, Ecuador incrementó la tarifa de transporte de petróleo colombiano en sus oleoductos (como el SOTE), pasando de unos US$ 3 a US$ 30 por barril. Esta medida encarece significativamente la operación de Ecopetrol y complica la viabilidad económica del transporte de crudo colombiano por territorio ecuatoriano.
En las últimas horas se informó que Colombia dejó de utilizar tal posibilidad para llevar petroleo a puertos ecuatorianos. Señalan que el aumento de la tarifa lo hace inviable ecocnomicamente.
Impacto en empresas y mercados
Los gremios empresariales en Ecuador han expresado preocupación por el efecto sobre la competitividad de la industria local, especialmente las pymes que dependen de insumos importados desde Colombia. El Comité Empresarial Ecuatoriano ha pedido soluciones y el restablecimiento del diálogo para evitar daños duraderos en el comercio y la inversión.
Para los exportadores colombianos, si bien el mercado ecua- toriano representa una parte menor de sus ventas totales, la pérdida de acceso preferencial puede incentivar la búsqueda de mercados alternativos o la reconfiguración de las cadenas de suministro, lo que tiene efectos sobre la producción interna.
Perspectivas económicas
Si las medidas se prolongan, podría elevarse la inflación interna en Ecuador por el encarecimiento de bienes importados, y se podrían intensificar restricciones a la energía y al transporte de hidrocarburos. En Colombia, el aumento de aranceles puede afectar nichos productivos menores, aunque también tiene el potencial de generar tensiones con otros socios comerciales si se perciben como un precedente.
En suma, aunque ambos países enfrentan efectos económicos negativos, la economía ecuatoriana podría resultar más vulnerable debido a su dependencia energética y mayor desequilibrio en el comercio bilateral.
Narrativas oficiales
Desde Quito, la narrativa oficial sostiene que el llamado “tasa de seguridad” del 30 % es un instrumento para equilibrar responsabilidades en seguridad entre los dos gobiernos. Los voceros ecuatorianos han insistido en que sin avances reales en cooperación, las medidas permanecerán.
Desde Bogotá, los funcionarios han calificado la acción ecuatoriana como unilateral y desproporcionada, insistiendo en que Colombia ha cumplido con compromisos en materia de seguridad. La respuesta colombiana mezcla la defensa de sus políticas con un llamado al diálogo y a mecanismos multilaterales como la Comunidad Andina para resolver el conflicto.
Escalada diplomática y reuniones
Durante los últimos días de enero, las cancillerías de ambos países intentaron abrir canales de diálogo, incluidas conversaciones en Panamá entre las ministras de Relaciones Exteriores de Colombia y Ecuador. Estas reuniones buscan crear espacios diplomáticos para evitar una escalada mayor o para negociar una salida política al conflicto.
Sin embargo, hasta ahora no se ha logrado retirar formalmente los aranceles, y no hay señales claras de una reunión bilateral al más alto nivel (entre Noboa y Petro) que conduzca a acuerdos definitivos para revertir las medidas económicas.
Impacto social y percepción pública
La percepción pública en ambos países varía: en Ecuador, algunos sectores respaldan las medidas como una forma firme de exigir mayor cooperación en seguridad. En Colombia, la respuesta oficial enfatiza que la reciprocidad está garantizada y que las acciones ecuatorianas dañan la confianza entre los pueblos.
Riesgos y perspectivas futuras
Si no se logra una desescalada, el conflicto podría profundizarse, con consecuencias que van más allá del comercio:
• Mayor desconfianza diplomática, reduciendo canales de cooperación efectivos.
• Impactos socioeconómicos prolongados, especialmente en zonas fronterizas que dependen del intercambio comercial formal.
• Posible afectación de cooperación en seguridad, un área que justamente fue señalado como la causa inicial de la disputa.
En síntesis, lo que comenzó como una medida arancelaria con fines aparentemente comerciales y simbólicos, ha mutado hacia una crisis política y diplomática con efectos estructurales que aún no encuentran una salida negociada clara.
Las palabras de la Ministra Inés Manzano en Panamá no son muestra de que el conflicto entre Ecuador y Colombia se solucione pronto.
Por ahora la energía ecuatoriana no confronta problemas peligrosos.
Desde el 1 de febrero el atasco en la frontera es muy fuerte. Pierden los comerciantes de los dos lados.
Colombia dejó de bombear petróleo por territorio ecuatoriano.



