TIEMPO DE PANELES
ROSALÍA ARTEAGA SERRANO
Frente a esa especie de espada de Damocles que es el estiaje y la preocupación por el futuro de las represas que generan la energía hidroeléctrica que es la que predomina en el país, así como los costos de la energía termoeléctrica, hay que mirar a soluciones que provean a los ciudadanos de la energía necesaria para cubrir las necesidades de los hogares y de las empresas.
Por ello es necesario que en el Ecuador se estimule a que en los edificios se instalen paneles solares conectados a la red pública, con la finalidad primero del autoabastecimiento, pero que también la energía sobrante o aquella que no se consume en los días, pueda ser entregada a la red que, a su vez, abastezca a otros sectores.
Para ello es necesario que se estimule al sector privado para una inversión que seguramente se recuperará en el tiempo, gracias a planillas cada vez más reducidas hasta llegar a cero y a contribuir a que los excedentes domiciliarios y por supuesto los que generen las empresas vuelvan a la red pública.
Esto establece un sistema que creará recursos, que evitará la dependencia de unas fuentes únicas o el tener que comprar energía de los países vecinos.
Si se trabaja coordenadamente entre los sectores privados y públicos, municipales y estatales, en poco tiempo el Ecuador será un país ejemplar en el abastecimiento de energía eléctrica, que, además, puede ser muy atractivo para la inversión en más empresas y en generación de empleo.
Los beneficios son enormes, desde el punto de vista económico, pero también desde el ambiental, ya que la energía solar es una energía limpia que contribuye para evitar emisiones de gases que contaminan y que ocasionan las catástrofes climáticas que ya estamos experimentando en todo el mundo.
Con una adecuada política de incentivos para la generación de energía solar en los hogares ecuatorianos, estaremos enrumbados para un verdadero cambio de matriz energética.



