VOLVER A LA ORALIDAD
ROSALÍA ARTEAGA SERRANO
Cuando hablo con los profesores, tratando de absolver las inquietudes que tienen, y que yo también las comparto, respecto del avance de la inteligencia artificial y de instrumentos que ponen muy difícil la relación con los alumnos, en cuanto a las fuentes de la información y el uso de herramientas digitales, que tan difíciles son de detectar, sobre todo a la hora de evaluar tareas y de definir la nota que se merecen los alumnos o las aprobaciones necesarias para determinar que poseen los conocimientos para ser promovidos de un curso a otro, me toca hablarles de la oralidad.
Esto causa sorpresas, muchas veces, porque es tanto el prestigio que tienen las máquinas, que pensar en la palabra hablada parecería un retroceso, un dejar de lado esas tecnologías para volver a lo esencial.
Y digo esencial con intencionalidad, con la firme convicción en el poder de las palabras, en la capacidad de los seres humanos para comunicarnos de manera verbal, en la que se pueden discernir no solamente lo que se expresa en las palabras, sino también las intencionalidades, las connotaciones, la sonoridad, los matices, que son mucho más difíciles de percibir en otros tipos de lenguajes.
Pensar entonces, que la tarea encomendada a los niños y jóvenes se la exprese de manera verbal, no es un desatino, sino más bien la mejor manera de enterarnos de los conocimientos adquiridos, así como también del impacto real que estos causan, de las implicaciones, de los vacíos, de las ganas de aprehender.
En este sentido, en tiempos tan tecnológicos, la oralidad es casi un lujo, pero también un recurso maravilloso para entender de verdad la naturaleza humana, para volver a las raíces, para humanizar la transmisión de los conocimientos, para dotar de la capacidad de comprensión mejor a quienes se inician en las tareas del aprendizaje.
Volver a la oralidad es un recurso maravilloso, que no debe dejarse de lado, es tal vez la más humana de las tecnologías y de los recursos, de la que todos podemos echar mano y que rendirá magníficos dividendos. Esto que decimos del mundo de la educación, bien vale para los otros mundos en los que la comunicación es un imperativo, si queremos conservar de la mejor manera, la esencia humana.



