EL MOTEPATA CUENCANO
ROSALÍA ARTEAGA SERRANO
La gastronomía es, sin lugar a duda, una de las formas de expresión más maravillosa de la cultura popular, tiene que ver con los usos y tradiciones, con las características intrínsecas de un pueblo y su legado.
Por ello quiero referirme en esta oportunidad a un plato típicamente cuencano, que se lo consume en carnaval, aunque en algunas casas solemos prepararlo también en otras fechas, sobre todo para curar las nostalgias cuando no estamos en la amada ciudad.
Cada casa tiene sus recetas, su sazón, lo que hace único a cada plato preparado al calor del hogar, con las especerías preparadas de manera artesanal, concitando las visitas de los familiares y amigos, que parecen oler de lejos los aromas del guiso que se prepara en familia y que sirve para juntar a muchos al calor de las ollas en las cocinas tradicionales.
Es imposible hacer una olla pequeña de motepata, se requiere una grande en la que quepan el mote pelado, los chorizos o longaniza, la pepa de zambo, el maní, el lomo de cerdo, porciones generosas de leche, las especerías a gusto de quien cocina, yo prefiero que no tenga comino, como acostumbran a colocarlo en algunas casas. La verdad que tan solo con describir esos platillos ya sentimos que se nos aguzan las ganas y que el paladar saboree por anticipado esta delicia gastronómica de mi ciudad.
Los recuerdos se agolpan, tienen ganas de salir, de pensar en la casa de los abuelos, aquella de la galería pintada de azul en la que el abuelo solía sentarse a esperar la llegada de los nietos, con el bastón posado al lado de la silla, atusándose el bigotito poblado de canas y con la infaltable boina que le daba esa singularidad tan querida.
El carnaval sobre todo tiene recordaciones de reuniones familiares, de las conversaciones mezcladas de anécdotas, de sabernos queridos y acompañados, y la posibilidad de disfrutar en compañía la maravilla de la culinaria del Sur del Ecuador.



