¿Y SI SOMOS MÁS POSITIVAS?
ROSALÍA ARTEAGA SERRANO
Acabamos de celebrar el día internacional de la Mujer, y si bien es importante recordar las luchas, las vicisitudes que a todas nos han tocado, o de mencionar el tema de las estadísticas que dejan muy mal parados a muchos de los países en cuanto a la participación de la mujer, creo que es importante también celebrar sus logros, los de tantas mujeres fantásticas, proactivas, soñadoras, con las que nos encontramos en el día a día.
Por ello, celebremos a las mujeres que nos hacen más fáciles nuestras vidas, a las que nos ayudan en las casas y gracias a quienes podemos realizar nuestras tareas cuotidianas, a las que agendan nuestras citas, a las que nos llevan las cuentas, a las que nos sonríen con entusiasmo.
Pero también celebremos a nuestras madres y hermanas, con ese sello inconfundible de la familia, de la pertenencia a un núcleo que se hace más fuerte con los días y que nos brinda ese cobijo y amparo que nos son tan necesarios y que impiden que nos desmoronemos o caigamos en el desobligo.
Y es menester celebrar a las mujeres que estuvieron antes que nosotros, a las abuelas, a las bisabuelas, a las tías, las que nos legaron su brío, sus conocimientos, que son nuestra raíz de identidad y con las que tenemos más en común de lo que podemos imaginar.
Celebrar a las profesionales que nos brindan sus consejos, que atienden nuestros dolores, que nos acompañan y son parte de nuestros éxitos, es también algo que vale la pena hacer en este mes de la mujer, en este marzo irrepetible que nos deja el sabor del compañerismo, de los éxitos compartidos, de las enseñanzas que no olvidamos.



