NO AL GOLPISMO DE LEÓNIDAS IZA
Por: Holguer Mariano Jara
La proliferación ininterrumpida de acontecimientos sociales violentos de los campesinos ecuatorianos, acorta la memoria de los pueblos. De lo importante solo queda, cuando queda, una imagen borrosa de ellos, porque otros sucesos reclaman su lugar en la memoria popular.
El presidente de la Ecuarunari Leónidas Iza, amenaza por enésima vez con marchas de protesta, sin excluir la violencia que es su característica, con el objetivo de imponer su doctrina “mariateguista”, destruir negocios ,carreteras y paralizar el comercio con millonarias pérdidas.
Todos recordamos las escenas de terror, odio y muertes impuesto por los campesinos en protestas nacionales, que dejaron todo el territorio convertido en cementerio involuntario, pocos, muy pocos, son los que entienden lo que sucedió y la situación que vivimos los ecuatorianos.
Lo cierto, que todo es producto del radicalismo político y fanatismpo por llegar al poder. Si queremos salir de ésta guerra, hay que volver sobre nuestros pasos; desandar mucho del camino andado para encontrar el horizonte, entre los pueblos y las comunidades indígenas del país y los habitantes urbanos, esto es clave.
También hay que considerar que la exclusión por discriminación y racismo ha construido unas relaciones asimétricas entre la población mestiza y ellos, donde son grupos ajenos los que deciden los aspectos importantes de su vida. Los pueblos indígenas siempre han presionando y negociado con sus “opresores” según sus propias capacidades, por desgracia los resultados no siempre son los mismos, pues son víctimas de engaños y amenazas de sus dirigentes.
En este panorama Leonidas Iza, Presidente de la Ecuarunari sostiene que, existe una guerra permanente contra ellos y que ésta no parará, si no se proponen alternativas pacifistas, cesa la persecución y aceptan sus imposiciones, aunque en la mayoría de los casos son intereses políticos personales. Usan la violencia para conseguir la paz, eso dicen.
Las alternativas de los pueblos indígenas para acabar con la violencia que ahoga al país no ponen la mirada en ajustar lo que no funciona del sistema, porque saben que eso no es posible y aunque lo fuera resolvería solo el problema de la violencia directa, inmediata, pero la estructural, racista y discriminatoria seguiría y al paso de unos años volvería a brotar.
Los nuevos movimientos indígenas no solo quieren terminar con la violencia, sino también acabar con las causas que la generan. Insisten en cambiar las reglas del juego, atacar las causas profundas del problema que según su entender, se encuentran en el diseño de Estado, que a lo largo del tiempo han construido los ecuatorianos, en donde ellos y sus derechos fueron excluidos.
Los pueblos y comunidades indígenas nos ofrecen camino para construir un mejor futuro para todos; está en nosotros si sabemos escucharlos, pero también en ellos, si saben dialogar, respetar y divorciarse de la politiquería.



