De los ataques aéreos a la cooperación: ¿Dará resultados la «nueva fase» de la guerra contra las drogas en Ecuador?
Por Gavin Voss (InSight Crime)
El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, afirma que, tras dos años de gestión, su ofensiva contra el crimen organizado está entrando en una «nueva fase» que combina más de lo mismo —una militarización de mano dura en el ámbito interno— con un nuevo énfasis en la cooperación internacional, específicamente con Estados Unidos y Europa. Pero, ¿será esta nueva fase mejor que la anterior?
La renovación de antiguas medidas de seguridad —como los toques de queda y las detenciones masivas de presuntos colaboradores de pandillas— se ve ahora complementada con ataques aéreos respaldados por Estados Unidos y con operaciones contra organizaciones transatlánticas de narcotráfico, llevadas a cabo en coordinación con agencias europeas.
Estas medidas surgen en un momento en que Noboa enfrenta presiones para dar respuesta a los crecientes niveles de violencia en Ecuador. Su administración ha logrado capturar a los líderes de los grupos de crimen organizado más poderosos del país: Los Lobos, Los Choneros, Los Tiguerones y Los Chone Killers. Sin embargo, estas detenciones han desatado luchas de poder que elevaron la tasa de homicidios a un récord de 50 por cada 100.000 habitantes en 2025. Por segundo año consecutivo, Ecuador se posicionó como la nación más violenta de América Latina.
¿Más «mano dura», más problemas?
El 3 de marzo, el Comando Sur de los Estados Unidos anunció que estaba llevando a cabo operaciones conjuntas con Ecuador contra «narcoterroristas». El gobierno estadounidense considera a dos grupos criminales ecuatorianos —Los Lobos y Los Choneros— como «organizaciones terroristas extranjeras». Días después, funcionarios de ambos países difundieron un video en el que se observaba a las fuerzas ecuatorianas realizando ataques aéreos contra una estructura situada en una zona boscosa, cerca de un río.
Ecuador sostuvo que el campamento —ubicado en la provincia de Sucumbíos, cerca de la frontera con Colombia— era un área de descanso utilizada por el líder del «Comando de Frontera», Johnathan Alfredy Tole Collazos, alias «Mono Tole». El Comando de Frontera —grupo surgido en Colombia— es una de las muchas organizaciones criminales que controlan las rutas de tráfico de cocaína y la minería ilegal en la región fronteriza de Ecuador. No obstante, los habitantes de la zona que hablaron con el ‘New York Times’ afirmaron que el objetivo del ataque militar fue, en realidad, una granja lechera. El bombardeo representó una nueva escalada en el uso de la fuerza en la región, y refleja los ataques que han dejado al menos 163 muertos en operaciones estadounidenses contra presuntos narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico, las cuales comenzaron en septiembre del año pasado. Sin embargo, los ataques terrestres en la frontera de Ecuador prometen escasos beneficios en materia de seguridad.
«Atacar un campamento en el norte de Ecuador, en zonas remotas, no altera la situación de seguridad para la inmensa mayoría de los ecuatorianos, quienes residen en los grandes centros urbanos», declaró a InSight Crime James Bosworth, fundador de la firma de análisis de riesgo político Hxagon.
Mientras se producían los ataques, Noboa se encontraba en Miami para asistir a la inauguración del «Escudo de las Américas», una «coalición militar» liderada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que tiene por objetivo «erradicar a los cárteles criminales». Poco después, el gobierno de Noboa decretó un toque de queda de 15 días en cuatro provincias, anunciando que «atacaría y destruiría» a los grupos criminales durante la noche. Las autoridades informaron que las fuerzas de seguridad de Estados Unidos prestarían asistencia, aunque no ofrecieron mayores detalles al respecto.
Los toques de queda y las operaciones de seguridad son una constante en Ecuador. Un estudio realizado por el Observatorio Ecuatoriano de Conflictos reveló que las provincias costeras de Manabí, Guayas, Los Ríos y El Oro han permanecido bajo estado de excepción —una medida que faculta a las fuerzas armadas para apoyar a la policía en operaciones contra la delincuencia y suspende derechos fundamentales, como la protección contra los allanamientos sin orden judicial— durante el 82 % del tiempo transcurrido en los dos primeros años de la presidencia de Noboa.
Las operaciones de seguridad destinadas a combatir el crimen organizado han generado conflictos tanto internos como intergrupales, a medida que las organizaciones criminales se adaptan a la detención de sus líderes. Es más, las detenciones masivas —más de 2.000 personas fueron puestas bajo custodia durante el toque de queda de dos semanas implementado en marzo— inyectan un mayor número de individuos a un sistema penitenciario que funciona como caldo de cultivo y zona de reclutamiento para los grupos delictivos.
Fernando Carrión, experto ecuatoriano en seguridad, no percibe indicio alguno de que la nueva ofensiva de la administración de Noboa vaya a tener un impacto significativo sobre los grupos criminales a largo plazo. «[Podría producirse] una suerte de repliegue estratégico por parte de las organizaciones criminales, con el fin de comprender mejor la dinámica operativa actual», comentó a InSight Crime. «Y entonces, una vez que comprendan esa situación, mi impresión es que retomarán sus actividades con aún mayor fuerza».
Ecuador
no es El Salvador
Muchos ecuatorianos respaldan las medidas de mano dura contra la delincuencia adoptadas por Noboa. Ante un drástico repunte de delitos como el homicidio, la extorsión y el secuestro, la ciudadanía ha exigido resultados inmediatos a su gobierno, inclinándose por enfoques militarizados en lugar de soluciones políticas a largo plazo. «Los ciudadanos no creen que las instituciones del Estado sean capaces de hacer frente al crimen organizado, y eso contribuye a la idea de que podría existir una solución mágica», declaró a InSight Crime Sebastián Cutrona, profesor de criminología de la Universidad Liverpool Hope, quien investiga sobre políticas de seguridad y opinión pública.
Esta percepción se ve acentuada por la ampliamente difundida narrativa de éxito en torno al modelo de seguridad impuesto por el presidente salvadoreño Nayib Bukele; su controvertida ofensiva contra las pandillas callejeras ha transformado al país —pasando de ser el más violento de la región a figurar entre los más seguros—, logrando desmantelar de manera efectiva a las otrora poderosas pandillas MS13 y Barrio 18. Sin embargo, para Cutrona, existen pocas esperanzas de que medidas similares surtan efecto en Ecuador.
«A diferencia del caso de El Salvador, aquí estamos hablando de organizaciones de narcotráfico que poseen mayor poderío, mayores recursos económicos y, por consiguiente, mayores capacidades para enfrentarse al Estado», señaló.
¿Elemento esperanzador en esta nueva etapa?
La cooperación de la Unión Europea con Ecuador se ha centrado en desmantelar las complejas redes de tráfico de cocaína que conectan a Ecuador con el continente europeo. Esta estrategia podría resultar, a la larga, más sostenible —y más perjudicial para las redes criminales— que el mero uso de la fuerza militar.
A principios de marzo, la policía ecuatoriana —en colaboración con las fuerzas del orden europeas— detuvo a 43 personas vinculadas a dos redes de tráfico de cocaína en las que participaban los grupos criminales «Los Lobos», «Los Lagartos» y la mafia albanesa. En conjunto, se presume que estas redes conspiraron para traficar al menos nueve toneladas de cocaína desde Ecuador hacia Europa, utilizando para ello contenedores de carga marítima.
Asimismo, la Unión Europea ha inaugurado un nuevo centro conjunto de inteligencia en colaboración con las fuerzas de seguridad ecuatorianas y ha anunciado inversiones destinadas a la capacitación y la mejora de la infraestructura en los puertos marítimos de Ecuador. Este tipo de cooperación tiene como objetivo a los intermediarios y a los nodos estratégicos de la cadena de narcotráfico, a diferencia de las operaciones militares en las calles, las cuales suelen centrarse en la detención masiva de pandilleros de bajo rango. «La cocaína no constituye un mercado ilícito circunscrito a las fronteras nacionales; por ende, su combate exige un enfoque [policial] de carácter transnacional», concluyó Cutrona. Estados Unidos también se ha sumado a la iniciativa de intercambio de inteligencia y, el 11 de marzo, inauguró una oficina del Buró Federal de Investigaciones (FBI) en Ecuador. El FBI ya ha prestado asistencia en la investigación del asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio en 2023, y, según se informa, la inteligencia estadounidense fue clave para la captura del líder de Los Choneros, Adolfo Macías Villamar —alias «Fito»—, en 2025.
«Deberíamos aspirar a ver ese tipo de intercambio de inteligencia, capacitación y enjuiciamiento de delitos», afirmó Bosworth en referencia al anuncio del FBI. «Eso es mucho mejor que lanzar bombas sobre los criminales y tiene muchas más probabilidades de tener éxito a largo plazo».
El presidente Noboa se reúne con la ex secretaria de Seguridad Nacional de EE. UU., Kristi Noem, en Manta, Ecuador.
Comando Sur de los EE.UU. lleva a cabo operaciones conjuntas con Ecuador.
El gobierno ha endurecido mucho más las medidas preventivas.
El modelo Bukele es complicado aplicarlo en Ecuador.
La incautación es permanente en Ecuador, pero hay otros frentes de lucha.



