Una boda que ha puesto de rodillas a NY
"¿Qué demonios ha sido esto?"
Taylor Swift y Travis Kelce paralizaron el corazón de Manhattan con un dispositivo de seguridad propio de una cumbre internacional, calles cortadas hasta la madrugada y una fiesta de 40 millones en pleno Mundial.
Información de Joel del Rio
Uno viaja a Nueva York para cubrir un Mundial… y acaba viviendo mucho más que fútbol. En apenas unas semanas, la ciudad ha pasado de una batalla campal tras la victoria de los Spurs a una celebración histórica por el anillo de los Knicks; de los disparos que sembraron el pánico en Times Square al frenesí de un Mundial que invade cada rincón de Manhattan. Y, como si nada de eso fuera suficiente, ahora le tocó el turno a la boda del año. Porque en la ciudad más caótica del planeta, donde cerrar varias manzanas del centro parece un trámite más, el enlace entre Taylor Swift y Travis Kelce ha terminado convirtiéndose en el gran acontecimiento del verano.
No hace falta acercarse al Madison Square Garden para saber que ocurre algo extraordinario. Basta seguir el sonido de las sirenas o encontrarse, de repente, con varias calles completamente bloqueadas. Cuando uno llega al perímetro entiende que aquello no se parece a una boda. Al menos no a las que estamos acostumbrados en España, mi pais. Se parece más al dispositivo de seguridad de una visita presidencial.
"Hasta las cuatro de la mañana va a estar todo cerrado. Somos más de 200 policías destinados aquí como seguridad", explica uno de los agentes, con raíces españolas, encargados del operativo mientras vigila las vallas metálicas que rodean el recinto. Y no exagera… aunque antes de seguir explicando el evento, no duda en dibujar su futuro: "Cuando me jubile regreso a Barcelona", bromea.
Durante toda la jornada, el corazón de Midtown ha permanecido blindado. Camiones descargando material desde primera hora, montacargas entrando y saliendo sin descanso, carpas gigantes para ocultar los accesos, decenas de SUV con cristales tintados, controles permanentes y miles de curiosos intentando encontrar un hueco desde el que ver llegar a alguna estrella. "Las restricciones son comparables a las que se aplican cuando la Asamblea General de la ONU llega a Manhattan", asegura.
Una boda en el peor momento posible
El gran problema para NY no fue solo la boda… Es cuándo se celebra. La ciudad afrontaba uno de los fines de semana más complejos del año. Coinciden el puente del 4 de julio, las celebraciones por el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, una ola de calor con temperaturas cercanas a los 38 grados, el constante movimiento de aficionados del Mundial y, por si fuera poco, un evento privado capaz de alterar el funcionamiento de Penn Station, el mayor intercambiador ferroviario de Norteamérica.
Muchos viajeros se encontraron calles cortadas horas antes de lo previsto y accesos cerrados mientras intentaban coger un tren. El enfado era evidente. "Me hicieron dar vueltas para acabar exactamente donde había empezado. ¿Qué demonios es esto?", protestaba uno de los viajeros entrevistados por el New York Post, incapaz de acceder a la estación entre vallas y desvíos improvisados. Eso nos obligó a salir a la calle. "Estamos en una ciudad de más de ocho millones de habitantes… ¿y una cantante puede ponerla patas arriba? Es surrealista", explican.
40 millones, 1.000 invitados y ni un sólo Celular
Las estimaciones publicadas en Estados Unidos situaron el coste de la celebración por encima de los 20 millones de dólares, una cifra que podría superar los 40 millones al incluir la producción completa, la decoración y la gran donación benéfica anunciada por la pareja. Solo el montaje floral rondó los tres millones de dólares.
El catering superó el millón, con un coste estimado de unos 1.250 dólares por invitado, mientras que el recinto ha sido transformado por completo con jardines, árboles, escenarios y estructuras temporales construidas exclusivamente para esa noche.
La celebración arrancó con un ensayo privado para un centenar de invitados y el viernes reunió a cerca de 1.000 personas en una fiesta prevista para prolongarse hasta bien entrada la madrugada. El protocolo incluyó acuerdos de confidencialidad, prohibición absoluta de teléfonos móviles y un despliegue diseñado para impedir cualquier fotografía del interior. Sin embargo, lo que más comentarios ha generado en Nueva York no ha sido el dinero.
Taylor Swift y Travis Kelce pidieron expresamente que los invitados no llevaran regalos. En su lugar, anunciaron una donación de 26 millones de dólares destinada a diferentes organizaciones benéficas con las que ambos colaboran desde hace años. Entre ellas figura una aportación de dos millones a la fundación de Dolly Parton para fomentar la lectura infantil.
La estricta seguridad me hizo dar vueltas cuando buscaba mi hotel, para acabar exactamente donde había empezado. ¿Qué demonios es esto?



