Colombia tiembla: ¿debe preocuparse Ecuador?
El terremoto de 7,4 que estremeció a Colombia deja una tragedia que crece con las horas. La ciencia descarta que Venezuela haya provocado el sismo, pero confirma una realidad que Ecuador conoce demasiado bien: vivimos sobre una de las zonas tectónicas más activas del planeta.
Juan José Marian, desde Colombia
especial para Ecuador News
Hay momentos en que la naturaleza parece empeñarse en recordarnos que las fronteras son una invención humana.
Colombia acaba de vivir uno de esos momentos.
A las 7:32 de la mañana del lunes 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió buena parte del territorio colombiano. El epicentro fue localizado en el departamento del Chocó, cerca de San José del Palmar, y el movimiento fue percibido desde Bogotá hasta Cali, Pereira y Manizales, además de sentirse en Ecuador y Panamá.
La tragedia, entretanto, no deja de crecer.
El balance provisional ya alcanza al menos 181 personas fallecidas y más de 1.300 heridas, mientras los organismos de socorro continúan buscando víctimas entre los escombros y evaluando los daños. Las autoridades han advertido que la cifra puede aumentar.
En Cali, Pereira, Manizales y otras localidades quedaron viviendas y edificaciones destruidas o seriamente afectadas. Pero las estadísticas, por dolorosas que sean, no consiguen contar por sí solas la dimensión de una tragedia.
Están quienes despertaron con el ruido de las paredes, quienes corrieron escaleras abajo mientras los edificios se movían, quienes encontraron sus casas dañadas y quienes todavía buscan a familiares que no responden sus teléfonos.
Una vez más, un terremoto demuestra que la diferencia entre la vida y la muerte puede depender de segundos, de la calidad de una construcción o de saber exactamente qué hacer cuando comienza a moverse el suelo.
¿Por qué ocurre esto?
La explicación está varios kilómetros debajo de nosotros.
Un terremoto es la liberación súbita de energía acumulada en la corteza terrestre. Esa energía se propaga en forma de ondas sísmicas y puede producir desde movimientos casi imperceptibles hasta destrucciones masivas.
En el caso colombiano, los especialistas han explicado que el sismo está relacionado con la subducción de la placa de Nazca, que se introduce por debajo de la placa Sudamericana. Es un proceso lento, permanente y gigantesco que contribuye a explicar la actividad sísmica de toda la región occidental de Sudamérica.
Y aquí comienza la pregunta inevitable para los ecuatorianos:
¿Si tembló en Venezuela y ahora en Colombia, será Ecuador el próximo?
La respuesta científica es mucho menos dramática que la pregunta: no lo sabemos y nadie puede saberlo.
Los terremotos no siguen un calendario ni avanzan de un país al siguiente como si fueran fichas de dominó.
Venezuela no mandó el terremoto a Colombia
La coincidencia temporal ha alimentado toda clase de especulaciones. Venezuela experimentó recientemente un terremoto de magnitud superior a 7 y ahora Colombia sufrió otro de magnitud 7,4. Pero los especialistas advierten que no existe evidencia científica para afirmar que uno haya provocado el otro.
Son fenómenos vinculados a estructuras tectónicas diferentes. El sismo colombiano está relacionado con la subducción de Nazca, mientras que los terremotos venezolanos responden principalmente a la compleja interacción entre la placa del Caribe y la Sudamericana.
Eso no significa que Venezuela, Colombia y Ecuador sean mundos geológicos independientes.
Todo lo contrario.
Ecuador está en el mismo escenario
Ecuador tiene razones suficientes para tomar en serio lo ocurrido en Colombia sin caer en el pánico.
La de Nazca (es una gran placa tectónica oceánica situada en el océano Pacífico oriental, frente a la costa occidental de Sudamérica. Mide unos 15,6 millones de kilómetros cuadrados y se mueve hacia el este, chocando y hundiéndose bajo la placa sudamericana), se encuentra frente a las costas de Ecuador, Colombia y Perú y se introduce bajo la placa Sudamericana. Esa interacción ha sido responsable de algunos de los terremotos más importantes de la historia de la región.
Hay un antecedente que debería estar grabado en la memoria ecuatoriana.
El 31 de enero de 1906, un gigantesco terremoto de aproximadamente magnitud 8,8 afectó la zona fronteriza entre Ecuador y Colombia. El movimiento estuvo acompañado por un tsunami y produjo una ruptura de cientos de kilómetros.
Más recientemente, Ecuador sufrió el terremoto de magnitud 7,8 de Pedernales, en abril de 2016, que dejó centenares de muertos y una enorme destrucción.
Por eso la pregunta correcta no es si le toca a Ecuador.
La pregunta correcta es: ¿qué tan preparados estamos para cuando vuelva a ocurrir?
La naturaleza no se puede detener, pero la tragedia sí puede reducirse
Los científicos no pueden impedir que las placas tectónicas se muevan. Tampoco pueden decir con precisión qué día, a qué hora y en qué lugar ocurrirá el próximo gran terremoto.
Pero la sociedad sí puede hacer algo decisivo: reducir su vulnerabilidad.
Construir respetando las normas antisísmicas. Revisar edificios antiguos. Reforzar hospitales y escuelas. Identificar viviendas vulnerables. Preparar rutas de evacuación. Mantener agua, alimentos, medicinas y linternas para una emergencia. Practicar simulacros. Enseñar a los niños qué hacer.
Y, sobre todo, abandonar una peligrosa costumbre latinoamericana: esperar a que ocurra la tragedia para comenzar a prepararnos.
Colombia está pagando un precio doloroso
Sus muertos no son solamente una cifra. Son padres, madres, hijos, hermanos, amigos, trabajadores que ayer comenzaron su día como cualquier otro y que hoy ya no están.
Ecuador debería mirar hacia Colombia con solidaridad, pero también con inteligencia.
No porque el terremoto colombiano anuncie que el próximo será ecuatoriano. No existe evidencia científica para afirmarlo.
Debe mirarla porque la geología nos une.
Las placas tectónicas no conocen de Colombia, Ecuador, Venezuela ni de ninguna otra frontera. Se mueven a su propio ritmo, durante millones de años, mientras nosotros construimos ciudades sobre ellas.
La lección de Colombia, entonces, no es miedo.
Es prevención.
Porque el próximo gran terremoto puede ocurrir mañana, dentro de diez años o mucho después. Nadie puede decir cuándo.
Lo que sí podemos decidir desde hoy es qué encontrará la tierra cuando vuelva a moverse: una sociedad desprevenida o un país preparado.
* Residentes y policías transportan a un sobreviviente rescatado de entre los escombros tras un terremoto que sacudió Pereira.
* Residentes y equipos de rescate buscan entre los escombros de un edificio colapsado. Muchos tratan de salvar algo de sus bienes.
* Equipos de rescate reaccionan tras el terremoto en Manizales.
* La torre de una catedral tras el terremoto en Manizales.
* Civiles buscan entre los escombros de un edificio destruido por el terremoto en Quibdó.
*Personas buscan sobrevivientes entre los escombros de un edificio colapsado el terremoto en Cali, Colombia, el 10 de agosto de 2026.
* Un rescatista busca sobrevivientes tras un terremoto que sacudió Cali.
* Un anciano peregrino recibe ayuda de vecinos mientras camina junto a los escombros de un edificio colapsado en Pereira.
Autoridades locales informaron que al menos 20 edificios se derrumbaron y 380 resultaron dañados, dejando a muchas personas atrapadas.



