Nepal: cómo una montaña de hielo se convirtió en una tragedia
Cifras actualizadas al 31 de agosto de 2026: en Nepal se reportan 903 muertos, 1.473 heridos y 4.247 desaparecidos; además, en el Tíbet chino hay 16 muertos y 546 desaparecidos. Más de 10.000 personas han sido rescatadas. Las cifras siguen cambiando mientras continúan las búsquedas.
Servicio informativo de Ecuador News
Nepal, ubicado al sur de Asia, vive una de las peores tragedias naturales de los últimos años. Lo que comenzó el miércoles 26 de agosto en las montañas del Himalaya terminó convertido, en cuestión de minutos, en una gigantesca corriente de agua, barro, rocas y hielo que arrasó pueblos, carreteras, puentes y centrales hidroeléctricas.
Para entender lo ocurrido hay que mirar hacia las alturas. En la zona fronteriza entre Nepal y el Tíbet, una parte de un glaciar se desprendió y provocó una avalancha de hielo y rocas. La enorme cantidad de material cayó sobre los cursos de agua y desencadenó una inundación súbita, con una fuerza semejante a la de un tsunami. El agua bajó por los valles a gran velocidad, arrastrando todo lo que encontraba a su paso.
La tragedia golpeó especialmente los distritos nepaleses de Rasuwa, Nuwakot y Dhading, además de zonas del Tíbet. La corriente destruyó viviendas y afectó gravemente carreteras, puentes, sistemas de agua, telecomunicaciones y proyectos hidroeléctricos. También quedó destruido el importante puesto fronterizo de Gyirong, entre China y Nepal.
Una cifra que todavía no es definitiva. Al cierre de esta edición, las autoridades nepalesas informaban de 903 personas muertas, 1.473 heridas y 4.247 desaparecidas. En territorio chino se contabilizaban además 16 muertos y 546 desaparecidos.
Más de 10.000 personas han podido ser rescatadas, entre ellas 323 extranjeros. Sin embargo, la cifra de desaparecidos sigue siendo la mayor preocupación, porque incluye trabajadores de centrales hidroeléctricas, residentes de las comunidades afectadas y extranjeros que se encontraban en la región, muchos de ellos peregrinos que viajaban hacia el monte Kailash.
Entre los desaparecidos hay ciudadanos de 39 países. La magnitud internacional de la tragedia explica la preocupación de numerosos gobiernos que buscan información sobre sus ciudadanos.
El barro dificulta el rescate. El problema ahora no es solamente encontrar sobrevivientes. Los equipos de rescate tienen que trabajar en un terreno extremadamente peligroso, cubierto de toneladas de barro y piedras.
Una de las tareas más urgentes es llegar hasta trabajadores que podrían encontrarse atrapados en túneles de once proyectos hidroeléctricos. Se calcula que alrededor de 933 trabajadores estaban en esas instalaciones cuando ocurrió la inundación. Los equipos utilizan maquinaria pesada, cámaras, sistemas de oxígeno y, donde las condiciones lo permiten, explosivos controlados para abrirse camino.
Más de 21.000 efectivos, entre militares, policías y voluntarios, participan en las labores de rescate y asistencia. El mal tiempo y la posibilidad de nuevos desprendimientos hacen todavía más difícil la operación.
La ayuda llega desde varios países. Nepal está recibiendo apoyo internacional. India ha enviado decenas de toneladas de ayuda de emergencia; China ha aportado equipos y especialistas, además de asistencia económica; y Estados Unidos anunció más de 3,6 millones de dólares para ayuda humanitaria, incluyendo alimentos para hasta 10.000 hogares afectados. También han ofrecido asistencia Japón, Australia, Corea del Sur y otros países.
Las Naciones Unidas también están presentes. UNICEF calcula que 17.000 niños necesitan asistencia humanitaria urgente y ha comenzado a distribuir alimentos terapéuticos, artículos de higiene, suministros médicos y equipos para atender a menores separados de sus familias. La organización ha solicitado 17,2 millones de dólares para mantener su respuesta de emergencia.
Una advertencia para el futuro. La tragedia deja además una pregunta que va más allá de Nepal: ¿por qué están ocurriendo con mayor frecuencia acontecimientos extremos relacionados con hielo, glaciares y agua?
Los científicos vienen advirtiendo que el calentamiento del planeta está modificando las condiciones de los glaciares y del suelo congelado en las grandes montañas. Esto no significa que cada inundación pueda atribuirse exclusivamente al cambio climático, pero sí que el aumento de las temperaturas puede hacer más inestables algunos ambientes glaciares y elevar determinados riesgos.
Nepal tendrá ahora que contar sus muertos, buscar a los desaparecidos y reconstruir lo perdido. Pero también tendrá que preguntarse cómo proteger mejor a las poblaciones que viven en los estrechos valles del Himalaya.
Por ahora, la prioridad es una sola: seguir buscando vida entre el barro y las montañas de escombros.
Y mientras Nepal enfrenta esta tragedia, la solidaridad internacional demuestra que, frente a una catástrofe de semejante magnitud, las fronteras pueden quedar en segundo plano.



