Marco Rubio en Sudamérica: ¿qué quiere Estados Unidos de Ecuador y la región?
Oficina de redacción
de Ecuador News en NY
La visita del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, a Colombia, Ecuador y Perú no debería verse simplemente como una nueva gira diplomática. Detrás de las reuniones con los presidentes de estos tres países existe un mensaje mucho más amplio: Washington quiere recuperar terreno en Sudamérica y convertir a la región en una pieza importante de su nueva estrategia hemisférica.
Rubio estará entre el 8 y el 10 de septiembre en Colombia, Ecuador y Perú, tres países que actualmente mantienen gobiernos cercanos a las posiciones de la administración de Donald Trump. El Departamento de Estado ha señalado como objetivos de la gira el fortalecimiento de las alianzas, la lucha contra el narcotráfico y el impulso de relaciones comerciales más profundas.
Pero hay algo más. Para Washington, el narcotráfico dejó de ser solamente un problema policial. Las organizaciones criminales transnacionales son consideradas una amenaza para la seguridad estadounidense y, por ello, Estados Unidos está buscando una cooperación mucho más estrecha con los gobiernos sudamericanos.
Ecuador constituye un ejemplo especialmente significativo. La colaboración entre Quito y Washington en operaciones contra el tráfico de drogas se ha intensificado, incluso en el ámbito marítimo, donde recientemente se produjeron controvertidas operaciones estadounidenses contra embarcaciones ecuatorianas.
Colombia ocupa otro lugar estratégico. El nuevo gobierno de Bogotá ha mostrado una clara disposición a profundizar la cooperación militar y de seguridad con Estados Unidos.
La reciente incorporación colombiana al denominado Escudo de las Américas, iniciativa promovida por Trump para coordinar esfuerzos contra los carteles y organizaciones criminales, es una señal inequívoca de ese acercamiento.
Perú completa un triángulo que Washington considera importante para el control del Pacífico, la lucha contra el narcotráfico y las relaciones comerciales.
Existe además un componente geopolítico que no conviene ignorar: China. Durante los últimos años, Pekín ha aumentado considerablemente su presencia económica en América Latina mediante inversiones, comercio, infraestructura y acuerdos estratégicos. Estados Unidos no parece dispuesto a observar pasivamente ese avance. La disputa ya no es solamente ideológica; también es económica y estratégica.
Por eso, cuando Rubio habla de comercio, seguridad y cooperación, Washington está hablando simultáneamente de varias cosas: cadenas de suministro, energía, minerales estratégicos, infraestructura, puertos, control del narcotráfico y, sobre todo, de quién tendrá mayor influencia en América Latina durante las próximas décadas.
La pregunta que deberían hacerse Colombia, Ecuador y Perú no es si conviene mantener buenas relaciones con Estados Unidos. Evidentemente, sí. La verdadera pregunta es cómo aprovechar ese acercamiento sin perder capacidad de decisión propia.
Sudamérica necesita socios, inversiones, tecnología y seguridad. Estados Unidos puede ofrecer una parte importante de todo ello. Pero China también es un actor económico de enorme importancia y otros países seguirán buscando espacio en la región.
La gira de Rubio, entonces, puede ser interpretada como algo más que una visita diplomática: es una advertencia de que Washington ha decidido volver a mirar con mucha atención hacia su propio hemisferio.
Y esta vez, América Latina tendrá que decidir qué quiere obtener de esa nueva atención estadounidense.
Daniel Noboa, presidente del Ecuador (Der.) y Marco Rubio.
Primeros signatarios del programa Escudo de las Américas.



