Quito, entre el fuego y la sospecha
Oficina de redacción de Ecuador News en NY
Treinta incendios forestales en una semana vuelven a encender las alarmas en la capital ecuatoriana. Las autoridades investigan posibles acciones provocadas y advierten que muchas emergencias comienzan con una aparentemente inofensiva quema de basura o vegetación seca.
Quito vuelve a mirar al fuego con preocupación. Entre el 7 y el 13 de septiembre, el Distrito Metropolitano registró 30 incendios forestales, una cifra que obligó al Centro de Operaciones de Emergencia Metropolitano (COE-M) a mantener un seguimiento permanente de las emergencias. Las zonas de La Delicia y Los Chillos fueron las que concentraron el mayor número de casos, con ocho incendios cada una.
Pero detrás de los incendios hay un dato que inquieta todavía más: durante esa misma semana se contabilizaron 189 quemas de desechos. Los Chillos, con 44 casos, encabezó esta estadística. La preocupación de las autoridades es que una quema que comienza como una práctica aparentemente rutinaria termine convirtiéndose en un incendio forestal de grandes proporciones.
El problema no es nuevo. Los registros de Bomberos de Quito muestran que durante la actual temporada seca las quemas de basura y de vegetación figuran entre las principales causas presuntas de los incendios. Entre el 1 de julio y la primera semana de septiembre se habían registrado 154 incendios forestales, con 1.118 hectáreas afectadas.
Y existe una segunda posibilidad que mantiene en alerta a las autoridades: que algunos incendios sean provocados deliberadamente. El Cuerpo de Bomberos ha pedido a la ciudadanía denunciar al 911 cualquier comportamiento sospechoso relacionado con el inicio de un incendio. Provocar un incendio forestal puede acarrear multas superiores a los 36.000 dólares.
La temporada seca ofrece, además, un escenario perfecto para que un pequeño foco se transforme rápidamente en una emergencia. Vegetación reseca, altas temperaturas, poca humedad y fuertes ráfagas de viento pueden convertir en cuestión de minutos una quema de basura en una amenaza para viviendas, bosques y vías.
Los acontecimientos recientes ofrecen una imagen de esa dificultad. En Catzuquí de Moncayo, al norte de Quito, los bomberos necesitaron 70 efectivos, 18 vehículos y un dron para combatir las llamas. En La Vicentina e Itchimbía, otro incendio obligó a desplegar numerosos equipos y posteriormente se tuvieron que retirar árboles debilitados por el fuego para evitar nuevos riesgos.
Quito ha reforzado también su vigilancia. Nueve puntos estratégicos cuentan con cámaras ópticas y térmicas, además de información meteorológica sobre temperatura, humedad, viento y precipitaciones. El objetivo es detectar los incendios lo antes posible y enviar recursos antes de que las llamas ganen terreno.
La pregunta que queda en el aire es incómoda: ¿cuántos de estos incendios fueron accidentes y cuántos pudieron ser provocados?
Mientras las autoridades buscan respuestas, el mensaje a los ciudadanos es sencillo: no quemar basura ni hierba seca. En las condiciones actuales de Quito, lo que comienza con una pequeña llama puede terminar poniendo en peligro vidas, viviendas y buena parte del entorno natural de la capital.



