Electricidad colombiana, un alivio que no bastaría porque el déficit es grande
La reanudación de las exportaciones de energía desde Colombia ofrece un respiro a Ecuador, pero los primeros datos revelan una realidad inquietante: el suministro recibido está muy por debajo de la capacidad de interconexión entre los dos países. La crisis energética sigue abierta y el país necesita respuestas que vayan más allá de las importaciones.
La noticia fue recibida con alivio. El 16 de octubre, el presidente Daniel Noboa anunció que Colombia había reanudado el despacho de electricidad hacia Ecuador. Después de días de incertidumbre, la posibilidad de contar nuevamente con energía del país vecino parecía ofrecer una salida, al menos parcial, a las dificultades del sistema eléctrico ecuatoriano.
Pero las cifras obligan a mirar el anuncio con mayor detenimiento.
Según datos publicados por El Comercio, el 19 de octubre Ecuador recibía alrededor de 39 megavatios de potencia desde Colombia, muy lejos de los 450 megavatios que permite la capacidad técnica de interconexión. La diferencia resulta especialmente significativa cuando el déficit energético ecuatoriano se estima entre 1.000 y 1.200 megavatios.
En otras palabras, la electricidad colombiana puede ayudar, pero su aporte actual está lejos de cubrir las necesidades del país.
TAMBIÉN DEBE CUIDAR SU ENERGÍA
El problema no consiste simplemente en pedirle a Colombia que envíe más electricidad. El país vecino también enfrenta dificultades relacionadas con la disponibilidad de agua en sus embalses y el riesgo asociado al fenómeno de El Niño.
Por esa razón, las autoridades colombianas establecieron condiciones para las exportaciones, dando prioridad al abastecimiento interno. La electricidad que pueda venderse a Ecuador dependerá de las condiciones del sistema colombiano y de la disponibilidad de generación.
Además, la energía producida mediante centrales térmicas que utilizan combustibles como el diésel o el fuel oil puede resultar más costosa que la hidroeléctrica. El precio de la electricidad que Ecuador recibirá bajo el nuevo esquema no se había informado públicamente en los reportes consultados al 19 de octubre.
Este detalle importa. No basta con saber que existe electricidad disponible: también hay que conocer cuánto cuesta, qué volumen puede entregarse y durante cuánto tiempo estará garantizado el suministro.
La cooperación entre los dos países es valiosa, pero no puede interpretarse como una garantía permanente de abastecimiento.
NO PUEDE VENIR SOLo DE AFUERA
Ecuador necesita aprovechar la ayuda colombiana, pero también aprender de esta nueva dificultad. La dependencia de las importaciones deja al descubierto la importancia de contar con generación suficiente, mantener operativas las centrales existentes y anticiparse a los períodos de sequía.
El Gobierno debe explicar qué medidas concretas permitirán reducir el déficit, qué capacidad adicional estará disponible y cuáles son los plazos para fortalecer el sistema. También debe informar con claridad sobre los costos de las importaciones y el efecto de las medidas adoptadas sobre los hogares y las empresas.
La crisis eléctrica no se resuelve con anuncios, sino con energía disponible, planificación y resultados verificables.
Colombia puede tenderle una mano a Ecuador, y esa cooperación merece reconocimiento. Pero ningún país debe confiar su tranquilidad energética exclusivamente a la voluntad o a la capacidad de su vecino.
La pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿está Ecuador preparando una solución duradera para sus necesidades eléctricas o volverá a depender de la urgencia cuando llegue la próxima temporada seca?



