Comenzó el fin de la hegemonía y la arrogancia de EEUU
Rodolfo Bueno La situación del mundo es polifacética y compleja. Un Estado, si quiere ser soberano,...
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ROSALÍA ARTEAGA SERRANO Las fechas de recordación histórica adquieren mayor trascendencia cuando las personas y los...
El inicio de la guerra de Ucrania fue hace un año, cuando Rusia sorprendió al mundo al invadir el territorio de ese país, pretendiendo consolidar la anexión de territorios y al mismo tiempo sembrar el miedo en la región.
En un metalenguaje mucho más claro, complotan. Dmitri Medvédev, vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, condenó esas declaraciones: “Lo traduzco al ruso claro: el riesgo de iniciar la Tercera Guerra Mundial es significativamente menor que el riesgo de la victoria de nuestro país. Monstruos. Odian y temen”.
Con la sabiduría que le caracteriza, el Papa Francisco habla de “la tercera guerra mundial”. Convencido de que, “cuando los imperios, tanto de un lado como de otro, se debilitan, necesitan hacer una guerra para sentirse fuertes y vender armas”. Si durante un año el mundo dejara de producirlas puede que el hambre desapareciera del planeta.
Solo cuando se pierde la paz se añora luego, pero ya es demasiado tarde. Así perdieron en su momento la democracia y la institucionalidad los pueblos de Venezuela, Nicaragua, Cuba. Les engañaron, les silenciaron y perdieron las libertades,
Usando el discurso pachamamista de defensa de los derechos de la naturaleza, promueven una visión de la sociedad incompatible con la democracia y la diversidad social. La polarización, el dogmatismo y la violencia contrarían valores democráticos mínimos. Lamentablemente, cada vez hay más personas que se dicen defensores de los derechos y la democracia, que se suman a estos extremos.
Como las celebraciones son tan generalizadas, hablamos de una fiesta democrática en la que son posibles los festejos de los diferentes sectores, y la unión de la diversidad que representa la esencia del carnaval.
Estados Unidos, China y Rusia conforman una triada en la que los dos últimos comparten los mismos intereses geopolíticos y mantienen relaciones sólidas, que les permite defenderse de la política agresiva del primero.
Bueno sería que el gobierno gobernara (si le dejan) pero mejor sería que, entre todos, en vez de lanzar piedras contra la democracia, sentáramos las bases de una convivencia pacífica e inteligente. No es la hora del “quítate tú que me pongo yo”; es la hora del pacto y de la concordia, de buscar el bien común y de sacar adelante un proyecto de país que sea incluyente.