THE RULE OF LAW
ROSALÍA ARTEAGA SERRANO
Si bien el concepto del respeto a la ley y al estado de derecho surge en las antiguas Grecia y Roma, es sobre todo a partir del derecho inglés que cobra su real y actual relevancia, basándose en la premisa de que todas las personas somos iguales ante la ley y que la ley se aplica por igual, incluyendo sobre quienes hicieron las leyes, es decir nadie está encima de la ley.
Por lo tanto, el imperio del derecho, como traduciríamos al español estos términos, es la base sobre la que deben sustentarse los estados, dándoles garantías a sus ciudadanos respecto de lo que está permitido hacer y lo que no lo está en una determinada nación, dejándose la discrecionalidad de lado, porque permite las más antojadizas interpretaciones.
Las leyes limitan al poder, evitan que quienes lo detentan, caigan en excesos, permite que en los países rija el estado de derecho e impere la seguridad jurídica, que es lo que caracteriza a los estados más democráticos en el mundo y a lo que deberíamos aspirar.
Sin embargo, como lo que ocurre con frecuencia en nuestro país y en muchos de América Latina, los gobernantes quieren acomodar la ley a su arbitrio y conveniencia, se sienten por encima de la ley y no respetan muchas veces las mismas leyes que ayudaron a crear, lo que ocasiona, no solo descrédito a las instituciones de justicia, sino implica la caracterización como de poco serio al estado en su conjunto.
Por ello, cuando a veces preguntamos a los inversionistas por qué no invierten en un país como el Ecuador, dotado de tantas ricas, de inigualable biodiversidad, son frecuentes las alusiones a la seguridad jurídica, porque la norma no se respeta, porque se acomoda o cambia y con ello los capitales no pueden estar seguros y garantizarse la inversión deseada.
La forma más eficiente de promover inversión tanto nacional como extranjera, es garantizando el ejercicio del derecho, o como se diría en el derecho anglosajón: te rule of law.



