EL TEMPLE Y LOS SUEÑOS
ROSALÍA ARTEAGA SERRANO
Precisamente esta semana se presenta en Quito, luego de una exitosa gira que abarca ya las ciudades de Guayaquil, Machala y Manta, un hermoso libro que tuve la oportunidad de leer, primero en su versión digital y luego en la física, se trata del libro titulado: “La audacia de los sueños”, una autobiografía de la abogada guayaquileña Anunzziatta Valdez, en la que desglosa los diversos capítulos de su vida, su familia, pero también y sobre todo las luchas que sostiene en su calidad de defensora de los derechos humanos y especialmente por los de las mujeres.
Conocí a Anunzziatta Valdez hace ya muchos años, pero su fama de abogada defensora de los derechos de las mujeres me había llegado antes, cuando frecuentaba el colegio de abogados del Azuay y ya su nombre circulaba como ejemplo de mujer luchadora e importante jurista.
Ahora tengo entre las manos su autobiografía, me adentro en sus páginas con emoción, sintiendo latir el corazón de una mujer valiente que desnuda su alma y su intimidad sin ambages, con la conciencia firme de que es menester dejar un testimonio de lo que han sido sus luchas, su audacia y sus consecuciones.
A lo largo del libro se trasluce y se aquilata su alma de niña valiente, de joven decidida, de mujer que no se arredra frente a los desafíos y que mantiene su tesitura y sus ganas de trabajar por los demás a lo largo de su prolífica vida.
Anunzziatta se vale de una prosa limpia, en la que la narración transcurre, plagada de recuerdos, de anécdotas, de una solidaridad a flor de piel que se nutre de su creencia en la igualdad de derechos y de opciones para mujeres y hombres, y para ello lucha desde las diversas tribunas en las que la vida y su trabajo decidido la han colocado.
Anunzziatta Valdez deja una estela luminosa, un derrotero a seguir, lo hace a impulsos de su entusiasmo por la vida, por el no dejarse avasallar por los tropiezos que esta nos trae y nos lega un hermoso testimonio que debe ser leído por las generaciones venideras para que aquilaten el temple de quien ha transitado por la vida con decisión, con alegría y tesón.



