EL COSTO PARA LOS CIUDADANOS
ROSALÍA ARTEAGA SERRANO
Qué duro es pensar en los costos que tienen las decisiones políticas para los ciudadanos, para los de a pie, para la gente que no participa en la toma de las decisiones pero que siente el impacto más fuerte en sus economías, en su calidad de vida, en su propia subsistencia.
Esta reflexión surge a propósito de lo que está pasando en Cuba en estos mismos momentos cuando los ciudadanos, estrangulados por la situación internacional, pero sobre todo por las carencias a las que les ha sujetado su propio gobierno, que mantiene en una opresión de partido único y de venta de una receta que empezó con la revolución cubana, que ha ocasionado tanto dolor, miseria, emigración y ha matado las ilusiones de la gente que se siente atrapada en una paradoja terrible.
Los regímenes que exigen todo de los ciudadanos pero que enriquecen a una clase dirigente han sido comunes a lo largo de la historia universal, pero el caso cubano es tal vez el mayor indicador del fracaso de una ideología y de los sufrimientos acarreados a sus pobladores.
La actual situación de escasez en la provisión de combustibles, sumada al embargo norteamericano, hace que en los hogares se vuelva a cocinar con carbón vegetal, con leña, cuando la consiguen, que los bienes de primera necesidad no lleguen a las personas y que la situación que se viva sea calamitosa en extremo.
Los enormes cerros de basura acumulados en las calles son las imágenes que circulan sobre la situación en las ciudades de la isla, que no encuentra una salida a la grave situación humanitaria en la que se debaten.
Hay deberes que la solidaridad exige, que rebasan las ideologías y que tienen que ver con cómo puede subsanarse la situación en la isla, para sus habitantes, para niños, mujeres y hombres que se debaten en medio de las carencias totales.



