ILUSIÓN Y DECEPCIÓN DE LA TRI
Especial para Ecuador News
Holguer Mariano Jara
La eliminación de Ecuador a manos de Mexico, les dió a los futbolistas un baño de verdad y generó una ola de críticas, que no tuvo contemplaciones con la actuación del equipo dirigido por el argentino Beccacece y deja huellas profundas de frustración en los ecuatorianos.
Esta selección sembró ilusiones, pero no tuvieron los recursos ni la pegada para generar ocasiones y ganar los partidos. El rendimiento fue desastroso, los jugadores en el campo de juego, no tuvieron huevos; y con esta derrota ante Mexico, la tricolor prolongó su crisis en las Copas del Mundo y se convierte en una vergonzosa pesadilla para el fútbol ecuatoriano.
El presidente de la Federación Francisco Egas y Beccacece no lograron canalizar ni desarrollar las fortalezas de la selección, las razones son numerosas y sería demasiado simplista atribuir la responsabilidad de este fracaso únicamente a ellos. Una Federación de Fútbol absolutamente perdida, que eligió a un entrenador y varios futbolistas que no estuvieron a la altura del desafío.
Tantas decisiones desacertadas, como tan poca actitud de algunos jugadores de los que se esperaba mucho más y fracasaron. La Tri hipotecó otra decepción a 18 millones de compatriotas. Los jugadores cubrieron sus rostros con la vergüenza, el país se paralizó, pero todo volvió a la normalidad, aunque la desilusión es agobiante. Perder un partido importante y quedar fuera del mundial, nos deja una desazón y angustia difícil de procesar. La decepción en el fútbol es un sentimiento profundo que mezcla frustración y tristeza, es una pasión tan intensa que puede romper el corazón en sólo 90 minutos y milagrosamente recuperar la esperanza al próximo partido.
El Fútbol es mucho más que un deporte, es un fenómeno sociológico global y un negocio multimillonario. A menudo transita una delgada línea entre la gloria y la tragedia, especialmente cuando la ilusión se estrella contra la realidad, entonces el dolor se apodera de la cancha y el corazón.
Tras una derrota deportiva, la indignación ciudadana explota transformándose en una válvula de escape, donde el pueblo culpa al gobierno o a la selección de sus desgracias, generando un desahogo temporal que no resuelve problemas estructurales del país. Lo cierto es que, no hay encebollado ni hornado que logre quitar esa tristeza y terminar con este chuchaqui por la eliminación del mundial. Gracias por el fraude y por hacernos creer que era la mejor selección de la historia, pero resultó un fiasco total.



