A COMPRAR VELAS LLEGAN LOS CORTES
Por: Holguer Mariano Jara
Todos los anuncios realizados por el gobierno para solucionar la deficiencia de electricidad caen en saco roto y se acumulan los problemas, al punto que ya iniciamos a comprar velas en precaución a los racionamientos de energía que se avecinan en todo el Ecuador.
Las centrales eléctricas Mazar, Coca Codo Sinclair, Sopladora y Mandariacu, hasta la presente fecha, sólo demuestran su incapacidad de solventar el problema, pues existe un déficit de 1.300 megavatios. Coca Codo Sinclair, ya fue recibida por el gobierno de Daniel Noboa, devolvieron las garantías y se pretende entregar esta central eléctrica para su operación y administración por 45 millones a una empresa china.
Tenemos una sola barcaza 100 MW. Las otras dos barcazas no se renovaron los contratos. La central térmica de esmeraldas de 135 megavatios no ha sido recuperada hasta hoy. En Pascuales tampoco se concluyó con el contrato de 250 megavatios, así como otros 6 contratos que en teoría han sido asignados, pero no contratados, eso demuestra la impavidez e indolencia del gobierno.
Ecuador tiene una demanda de 5.600 megavatios y un déficit de 1.300 megavatios y es lógico que, no se podrá abastecer de energía a todo el país. El racionamiento es una realidad, aunque no lo admita el gobierno, por su falta de responsabilidad, seriedad y especialmente por el manejo de la politiquería como arma de solución a los problemas del país.
La verdad, estamos en peores condiciones que en el año 2.024 para enfrentar el estiaje, fenómeno del niño y la irresponsabilidad. El plan maestro de electricidad no se cumple ni se ha cumplido, no se ha incrementado un sólo megavatio y los únicos que están incorporando, son los privados que llegan más o menos a 150 megavatios. Colombia amenazó con no vender energía a Ecuador, la prioridad es su consumo interno.
Las medidas en el sector eléctrico no se pueden improvisar. Cuántos miles de millones de dólares se perderán o están en riesgo por estas absurdas decisiones de no hacer nada, cruzarse de brazos y crucificar al pueblo ecuatoriano. Lo cierto es que, la población muestra indiferencia hacia los asuntos públicos y no participa en la toma de decisiones, hay falta de fiscalización, nadie exige rendición de cuentas ni castigan la corrupción de sus lideres en las urnas, al contrario, los premian.
Hemos normalizado la corrupción, se eligen gobernantes basados en la manipulación emocional en lugar de planes de trabajo sólidos y tropezamos muy seguido con la corrupción. Los ecuatorianos estamos atrapados en sistemas diseñados para perpetuar la desigualdad, donde el diseño institucional defectuoso, impide que los ciudadanos puedan generen un cambio real, convirtiéndolos en víctimas del Estado, más que en sus responsables y somos obligados a vivir con el engaño, opresión y mentiras.



