Ecuador ante el desafío de mejorar su educación
Las pruebas Pisa y la tarea pendiente de educar para el futuro
Recientemente se dieron a conocer los resultados de las pruebas PISA que miden la preparación de los estudiantes a nivel mundial. Ecuador no salió bien librado. Y ya se plantean preguntas sobre la preparación de nuestros estudiantes. Más allá de las cifras, el verdadero desafío es establecer qué debe cambiar en las escuelas para que los niños y jóvenes ecuatorianos aprendan mejor y tengan mayores oportunidades.
Un resultado desfavorable como el de Ecuador en las pruebas PISA no debe convertirse simplemente en una crítica a los estudiantes o a los maestros, sino en una oportunidad para examinar el sistema educativo y sus responsabilidades.
El desafío que Ecuador no puede seguir aplazando
Las pruebas PISA, promovidas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), evalúan a estudiantes de 15 años en áreas como lectura, matemáticas y ciencias. Su propósito es conocer si los jóvenes pueden aplicar lo aprendido a situaciones de la vida real. No se trata únicamente de memorizar fórmulas o repetir lecciones, sino de comprender, razonar y resolver problemas.
Los resultados de PISA 2025 confirman que Ecuador enfrenta dificultades importantes. Según la ficha de país de la OCDE, el rendimiento ecuatoriano estuvo por debajo del promedio de la organización en matemáticas, lectura y ciencias. Además, la proporción de estudiantes con desempeño bajo aumentó en matemáticas y lectura respecto de 2017.
La primera tarea, por tanto, debe ser fortalecer la enseñanza desde los primeros años. Un niño que no aprende a leer con comprensión o que arrastra dificultades para sumar, multiplicar y resolver problemas tendrá mayores obstáculos cuando llegue a la secundaria. No basta con avanzar de curso: es necesario comprobar que los conocimientos fundamentales se están adquiriendo.
La lectura merece una atención especial. Ecuador necesita escuelas donde los libros no sean únicamente instrumentos para presentar exámenes, sino herramientas para pensar, preguntar y conocer el mundo. Crear bibliotecas escolares, promover la lectura diaria y formar profesores capaces de acompañar a los estudiantes en la comprensión de textos pueden contribuir a ese objetivo. La familia también tiene un papel importante, incluso cuando los padres disponen de poco tiempo o recursos.
En matemáticas y ciencias, el país debe avanzar hacia una enseñanza que relacione las lecciones con la vida cotidiana. Resolver problemas relacionados con el dinero, las distancias, el consumo de agua o los fenómenos naturales puede ayudar a que los estudiantes entiendan para qué sirve lo que aprenden. La tecnología puede ser útil, pero no sustituye al profesor ni garantiza, por sí sola, una educación de calidad.
Otro asunto fundamental es la preparación y el acompañamiento de los maestros. La formación permanente, los materiales adecuados y el apoyo a quienes trabajan en escuelas con mayores dificultades deben formar parte de una política educativa sostenida. Las diferencias económicas y sociales influyen en las oportunidades de aprendizaje, y los estudiantes más vulnerables necesitan una atención que permita reducir esas brechas.
Evaluaciones
También sería un error convertir las pruebas PISA en una competencia de posiciones internacionales. Sus resultados ofrecen información valiosa, pero no representan todas las dimensiones de la educación: la creatividad, la convivencia, la formación ciudadana y el desarrollo humano no se resumen en una puntuación.
El Ecuador necesita establecer metas claras, medir periódicamente los avances y mantener las políticas que demuestren resultados, sin depender de cambios constantes de orientación. Mejorar la educación requiere tiempo, recursos y continuidad.
Para los ecuatorianos que viven en Nueva York, esta discusión tiene un significado especial. Muchos mantienen vínculos estrechos con sus hijos, nietos y familiares que estudian en Ecuador. La calidad de esa educación influirá en las oportunidades de las nuevas generaciones.
La lección de PISA no debería ser la vergüenza, sino la decisión de actuar. Un país que quiere progresar debe preguntarse qué están aprendiendo sus niños, quiénes se están quedando atrás y qué puede hacer para que la escuela sea una verdadera puerta de oportunidades.
Una precisión
La información más reciente consultada corresponde a PISA 2025, cuyos resultados de Ecuador fueron publicados por la OCDE en septiembre de 2026. Conviene utilizarla como referencia actual, en lugar de atribuirle al país resultados de 2022, cuando Ecuador no participó en esa ronda general. Ecuador sí tiene antecedentes de participación en PISA para el Desarrollo, cuyos resultados fueron presentados en 2018.



