EL NIÑO SE DESPERTÓ TEMPRANO
Por: Holguer Mariano Jara
Miles de personas podrían quedar expuestas al hambre debido a la pérdida de cultivos y la alteración de los ciclos agrícolas. En el Ecuador El Niño se despertó temprano. Está previsto que se registren graves problemas por sequías extremas, incendios forestales por el exceso de calor e inundaciones catastróficas en distintas regiones de nuestro país.
El fenómeno de El Niño está potenciando los desastres naturales, se deben reforzar de urgencia la planificación urbana y los sistemas de prevención, no esperar a la llegada de los impactos más severos para activar protocolos de protección en sectores vulnerables. En Ecuador sigue la alerta amarilla en 17 provincias y el mayor impacto por lluvias intensas se prevé entre noviembre 2026 y marzo 2.027.
El gobierno de Noboa dispone de 600 millones de dólares dentro de su Plan de Acción Nacional para enfrentar los posibles efectos del fenómeno de El Niño. No se trata de recursos nuevos o extraordinarios creados exclusivamente para la emergencia, sino de una consolidación del presupuesto que las distintas instituciones del Estado ya tenían asignado en sus partidas.
Las proyecciones gubernamentales y análisis técnicos advierten que un evento severo de El Niño podría dejar pérdidas económicas en el país superiores a los dos mil millones de dólares y más o menos dos mil fallecidos. La pregunta es, ¿cuánto dinero tiene disponible el Estado para enfrentar esta situación y si no tiene que piensa hacer ?. ¿Dejar sin efecto las pasantías ?.
El niño se despertó muy temprano, los fuertes aguaceros y granizadas en sierra costa y Amazonía son una advertencia. El desafío no es ignorar las alertas, sino aprender a comunicar con responsabilidad. Necesitamos información que oriente, autoridades que actúen y ciudadanos preparados para enfrentar las adversidades.
El fenómeno no debe convertirse únicamente en una temporada de titulares alarmistas, sino en una oportunidad para fortalecer la prevención, mejorar los sistemas de alerta temprana, proteger nuestros ríos y respaldar a los agricultores. Quito y Guayaquil ya sintieron los efectos.
El miedo sembró terror en la capital y nadie dice, ni hace nada. La pluviofobia, también conocida como ombrofobia, es un tipo de fobia específica, que se caracteriza por la experimentación de un miedo persistente, intenso e irracional hacia todo aquello que tiene que ver con la lluvia, espero que no se contagien nuestras autoridades y no hagan nada por el pueblo ecuatoriano.
La naturaleza no siempre podemos controlarla, pero sí podemos prepararnos mejor. En lugar de esperar la próxima inundación para lamentarnos, construyamos desde hoy soluciones. Porque la esperanza no consiste en cruzar los brazos y esperar que escampe, sino en trabajar juntos, incluso cuando el cielo se pone gris y los gobiernos testarudos e indolentes como si el dinero fuera suyo.



