Lula da Silva: el hombre que desafió al tiempo y regresó al poder a los 81 años
Oficina de redacción de Ecuador News en NY
De obrero metalúrgico a presidente de Brasil por cuarta vez. Sobrevivió a la pobreza, conoció la cárcel, perdió elecciones y consiguió regresar al poder cuando muchos lo consideraban políticamente acabado. Luiz Inácio Lula da Silva protagoniza una de las historias de resistencia más extraordinarias de la política latinoamericana.
BRASILIA.— Este martes 27 de octubre, Luiz Inácio Lula da Silva cumple 81 años. El regalo de cumpleaños llegó anticipadamente: el domingo consiguió una victoria electoral que le permitirá gobernar Brasil por cuarta vez, una hazaña sin precedentes entre los presidentes elegidos democráticamente en ese país. Asumirá el nuevo mandato el 5 de enero de 2027.
El resultado invita a una pregunta inevitable: ¿qué explica que un dirigente de avanzada edad, después de medio siglo de protagonismo político, consiga convencer nuevamente a millones de brasileños?
La respuesta comienza mucho antes de su llegada al Palacio de Planalto.
De la pobreza al poder
Lula nació en Pernambuco, en el nordeste brasileño, en una familia humilde. Cuando era niño, se trasladó con su madre y sus hermanos a São Paulo en busca de mejores oportunidades. Trabajó desde joven y se formó como tornero mecánico antes de convertirse en dirigente sindical.
Durante los años setenta adquirió notoriedad al encabezar huelgas obreras en plena dictadura militar. Su capacidad para movilizar trabajadores lo convirtió en una figura nacional y contribuyó a la fundación del Partido de los Trabajadores en 1980.
Perdió tres elecciones presidenciales antes de alcanzar la victoria en 2002. Gobernó durante dos períodos consecutivos, entre 2003 y 2010, y su administración quedó asociada a programas sociales como Bolsa Família, que ayudaron a mejorar las condiciones de vida de sectores empobrecidos.
Pero su carrera parecía haber llegado a un final abrupto cuando fue condenado por corrupción y encarcelado en 2018. Pasó 580 días en prisión. En 2021, el Supremo Tribunal Federal anuló las condenas, al determinar problemas de jurisdicción y reconocer la parcialidad del juez Sérgio Moro en uno de los procesos. Lula recuperó sus derechos políticos.
En 2022 derrotó al entonces presidente Jair Bolsonaro por un estrecho margen. Ahora, en 2026, volvió a superar a un representante de esa misma corriente política: Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente.
El secreto de una resurrección política
Lula conserva una conexión emocional con millones de brasileños que recuerdan sus primeros gobiernos como una época de movilidad social. Su origen obrero, su lenguaje directo y su capacidad para establecer alianzas explican parte de su permanencia.
Sin embargo, sería un error atribuir su victoria exclusivamente a su carisma. También influyeron el temor de parte del electorado a un cambio de rumbo, las políticas sociales de su gobierno y la movilización de sus simpatizantes durante la campaña.
Su regreso tampoco significa que Brasil esté políticamente reconciliado. La oposición conserva una fuerza considerable y el próximo Congreso será un obstáculo para varias de sus propuestas.
El desafío de gobernar a los 81 años
Lula iniciará su cuarto mandato con una responsabilidad enorme y una economía que exige atención, mientras persisten las preocupaciones por la deuda pública, el costo de la vida y la seguridad.
Su edad plantea interrogantes legítimos sobre la capacidad de sostener el ritmo de gobierno, pero no constituye, por sí sola, una respuesta sobre su aptitud para ejercer el cargo.
Lula ha demostrado que la edad no necesariamente clausura una carrera política. Ahora deberá demostrar algo más difícil: que su extraordinaria capacidad para regresar al poder todavía puede traducirse en resultados para los brasileños.



