COCA-CODO
ROSALÍA ARTEAGA SERRANO
Desde sus inicios estuvo sumida en los escándalos, a pesar de que el proyecto fue inaugurado con bombos y platillos y con la visita al lugar del Presidente Chino así como del entonces mandatario Correa, quien inclusive habló sobre los excedentes de energía que iba a tener el país, no solamente para solventar la demanda nacional sino para transformarse en un exportador de energía a los países vecinos.
Escándalos de corrupción, falta de efectividad en su funcionamiento, riesgos de ser afectada totalmente, sobre todo a raíz de la desaparición de la cascada de San Rafael, la más grande que tenía el Ecuador, así como por la denominada “erosión regresiva” que destruiría la central y todos los recursos en ella invertidos.
De igual manera, los daños ambientales han sido múltiples, tanto durante el proceso de construcción como cuando entró en funcionamiento, lamentablemente siempre por debajo de las proyecciones en cuanto a generación hidroeléctrica.
Esta central acarrea problemas desde sus inicios, se establece que fue mal diseñada y sobredimensionada, por las ambiciones megalómanas de quien en ese momento dirigía los destinos del Ecuador. Si a eso se suman los sobreprecios, la improvisación, el mal manejo, los resultados son evidentemente catastróficos.
A pesar de que hemos tenido un año de lluvias constantes, lo que ha mantenido los flujos de agua, así como los embalses de las diversas represas que existen en el país, ahora se habla de una posible paralización de la central más grande del país: la Coca Codo Sinclair, por trabajos de mantenimientos que siempre incluyen la revisión y desarenado de la planta.
Qué triste es saber que en un país que tiene tantos recursos, muchos se malgastan o se pierden por la falta de previsión y por ese cáncer fatal que arrastra el país: la corrupción, que inclusive traspasa las fronteras nacionales.



