NARCOS Y LA ACADEMIA DE SICARIOS
Por: Holguer Mariano Jara
El asesinato en el aeropuerto de Guayaquil y la detención de niños sicarios, revela una preocupante realidad: menores de edad están siendo reclutados por el crimen organizado. Este fenómeno, alimentado por la desigualdad social, la pobreza y una cultura que glorifica la vida criminal impacta en la cultura de la juventud.
En nuestro país, ante la impávida mirada del gobierno, asambleístas, fiscales, jueces, abogados, organismos de derechos humanos, niños y jóvenes “asisten” a la academia de sicarios y a diario estos tiernos asesinos mueren en las calles ecuatorianas.
El dinero del narcotráfico se invierte en construir asesinos, que son “educados” para someter a la ciudadanía, mientras el pueblo asiste impotente al diálogo de sordos y mudos del poder ejecutivo, legislativo y judicial. La academia de sicarios no sólo está en las cárceles, está concentrada en escuelas, colegios y universidades.
No podemos seguir rodeados de fusiles y cuchillos, manejados por expertos niños, que hace rato perdieron el control de sus padres, pero, están protegidos por ciertos políticos, dispuestos incluso a destruir el país, si el gobierno o la asamblea nacional hacen leyes para controlar la criminalidad y narcotráfico.
Ecuador por desgracia tiene una generación desechable, vivir rápido y morir joven, al parecer, es la consigna. Los niños y jóvenes no nacen dentro de un grupo criminal, su vinculación descansa en la presión que ejerce la sociedad sobre la juventud y que prolonga la incursión en los canales lícitos para incorporarse al sistema productivo.
Los jóvenes permanecen en un período de espera, principalmente quienes tienen una preparación académica. Aquellos que no están a la espera, son precisamente los que no estudian ni trabajan y que encuentran en la delincuencia organizada, un medio para lograr sus metas es ahí, donde acceden a grandes sumas de dinero para satisfacer sus caprichos.
La telaraña del narco es prosperar en la medida en que las instituciones sociales expulsan a las nuevas generaciones; es el narco o la delincuencia como forma de vida, la que ha venido a llenar esos espacios vacíos. La danza del miedo y terror se apodera de los ecuatorianos, los planes del Estado por frenar esta ola de violencia, incluido el apoyo internacional, están fracasando y, por el contrario, los mismos protagonistas derraman corrupción sin límites.
La realidad es que, el Estado no tiene herramientas para prevenir el reclutamiento de menores. En el gobierno no se habla este tema seriamente y por alguna razón, hacen caso omiso a esta delicada situación. Mientras haya mutismo, los grupos del crimen organizado tendrán su “san viernes” y de manera acelerada perderemos la poca seguridad que aún tenemos y construiremos el templo de la impunidad.



