Atrapados entre las amenazas de los cárteles y los ataques aéreos de EE. UU., los pescadores ecuatorianos no tienen dónde esconderse
Alexandra Valencia
y Despachos combinados
Una investigación publicada recientemente por The Washington Post puso bajo escrutinio tres ataques registrados a comienzos de 2026 contra embarcaciones pesqueras ecuatorianas, al señalar que podrían haber formado parte de una operación encubierta de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
De acuerdo con la información difundida por el medio estadounidense, una fuente anónima con conocimiento de los hechos aseguró al diario estadounidense que los ataques estarían relacionados con un programa de acción encubierta, una modalidad de operación secreta en el extranjero que requiere autorización presidencial y en la que el Gobierno estadounidense no reconoce públicamente su participación.
Los casos investigados incluyen la desaparición del pesquero Fiorella, ocurrida en enero, cuyos ocho tripulantes continúan desaparecidos, así como ataques registrados en marzo contra las embarcaciones La Negra Francisca Duarte II y Don Maca, cerca de las islas Galápagos.
En estos últimos casos, los sobrevivientes denunciaron ataques con drones y posteriormente la intervención de hombres armados.
Según testimonios recogidos por Human Rights Watch, algunos pescadores afirmaron haber sido retenidos después de los ataques por personas a las que identificaron como estadounidenses por su apariencia, idioma y vestimenta militar. Los sobrevivientes también relataron que fueron esposados, cubiertos de la cabeza y trasladados hasta El Salvador, antes de ser devueltos a Ecuador sin recibir una explicación sobre lo ocurrido.
El avión bajo
investigación
Uno de los elementos que sustenta la hipótesis es el seguimiento de una aeronave que, según la investigación periodística, habría volado desde El Salvador hacia las zonas donde se encontraban los pesqueros antes de los incidentes.
The Washington Post señala que los patrones de vuelo y las características del avión podrían vincularlo con el supuesto programa de la CIA. Sin embargo, la investigación también advierte que todavía no está claro cuál habría sido el alcance exacto de la participación de la agencia ni quiénes ejecutaron directamente las operaciones.
El Gobierno de Ecuador no ha confirmado públicamente que la CIA haya participado en los ataques.
Tanto el Pentágono como la Guardia Costera de Estados Unidos habían negado previamente cualquier participación en los ataques, de acuerdo con información recopilada por Human Rights Watch.
La CIA, por su parte, no emitió comentarios sobre las revelaciones atribuidas a The Washington Post.
Los testimonios de los sobrevivientes, los registros de vuelo y la información citada por The Washington Post han abierto nuevas interrogantes sobre lo ocurrido, mientras familiares de los pescadores desaparecidos continúan exigiendo respuestas.
Peligros
permanentes
Al amanecer, en la costa del Pacífico ecuatoriano, pequeñas embarcaciones pesqueras zarpan desde las localidades de San Mateo y Jaramijó; sus proas apuntan hacia aguas más profundas y la promesa de una buena captura. Otras embarcaciones regresan del oleaje hacia caletas deterioradas, donde las tripulaciones descargan cestas de atún y pez espada, y los comerciantes se apresuran a inspeccionar la pesca del día.
La escena oculta los peligros que enfrentan algunos pescadores al adentrarse en estas aguas. En tierra firme, los cárteles de la droga han convertido los pequeños puertos de la provincia ecuatoriana de Manabí en un centro de tráfico de cocaína, extorsionando a los pescadores locales, muy valorados por sus habilidades de navegación. Los cárteles plantean una elección imposible: ganar en el contrabando de drogas más dinero del que obtendrían en un año de trabajo legal, o enfrentarse a la extorsión, las amenazas y la violencia.
En alta mar, la violencia surge sin previo aviso: ataques aéreos contra presuntos "narcoterroristas". El ejército de EE. UU. ha destruido 67 embarcaciones y acabado con la vida de más de 220 personas desde el pasado mes de septiembre, como parte de la Operación Southern Spear.
El pescador Simón Villacreses formaba parte de la tripulación de 16 personas del 'Negra Francisca Duarte II', que había zarpado de Manta, la ciudad más grande de la provincia. Mientras navegaban el 17 de marzo, escucharon el zumbido de un dron sobre sus cabezas justo antes de que un ataque impactara cerca de la cocina del barco, provocando un incendio. Algunos tripulantes se lanzaron al Pacífico, mientras que otros saltaron a dos embarcaciones a motor más pequeñas, según relataron Villacreses y otros dos supervivientes.
La tripulación se dirigió hacia lo que creían que era un barco atunero cercano. Sin embargo, según los hombres, se encontraron con individuos armados que hablaban inglés y vestían uniformes de estilo militar. "Nos apuntaron con armas. Nos subieron a bordo, nos cubrieron la cabeza con capuchas y nos ataron las manos a la espalda", contó Villacreses, de 52 años, quien sufrió una lesión en la cabeza durante el ataque.
Posteriormente, la tripulación fue trasladada en alta mar a un buque de la Marina salvadoreña que los llevó a El Salvador; allí recibieron atención médica y fueron repatriados en vuelos comerciales, según informaron los supervivientes y la organización de derechos humanos.
Una secuencia de hechos similar se produjo nueve días después con otro ataque con drones contra una embarcación llamada 'Don Maca', procedente de la misma región. Al menos ocho pescadores de un tercer barco, el 'Fiorella', se encuentran desaparecidos desde enero. Dos tripulantes del 'Fiorella' que se hallaban en otra embarcación más pequeña declararon al Comité Permanente que vieron humo saliendo del último lugar donde se había localizado el barco principal.
Tres expertos en seguridad consultados por la agencia de noticias Reuters afirmaron que Estados Unidos era casi con toda seguridad el responsable de los ataques, dada la campaña de ataques a embarcaciones que el Comando Sur de EE. UU. lleva a cabo en la zona.
Desde el año pasado, Estados Unidos, Ecuador y El Salvador han anunciado un refuerzo de su cooperación en la lucha contra el narcotráfico marítimo en el Pacífico oriental, un corredor clave para los envíos de cocaína hacia el norte.
Villacreses sigue tan conmocionado por la experiencia que aún no ha vuelto a salir a faenar. "Quizás haya dejado la pesca para siempre", afirmó.
EXTORSIÓN
DE 1.200 DÓLARES
El 'Negra Francisca' solía estar anclado en San Mateo, una localidad portuaria donde la mayoría de los residentes vive en la pobreza.
En los últimos años, dos de las organizaciones criminales más poderosas de Ecuador Los Choneros y Los Lobos se han expandido por las zonas costeras, reclutando a la fuerza a pescadores para el contrabando, según informaron funcionarios antinarcóticos ecuatorianos, la policía provincial y los propios residentes.
El año pasado, Estados Unidos designó a ambas organizaciones como grupos terroristas. Las dos tienen vínculos con organizaciones mexicanas de narcotráfico: Los Choneros están alineados con el cártel de Sinaloa, mientras que Los Lobos tienen nexos con el cártel Jalisco Nueva Generación.
La policía y los habitantes de la zona señalaron que los pescadores que no cooperan a menudo se ven obligados a pagar «cuotas» de 1.200 dólares por viaje de pesca una cifra que triplica o cuadruplica sus ingresos mensuales promedio, según los lugareños o bien se exponen a represalias contra ellos y sus familias.
Si llegan a transportar cocaína, pueden ganar hasta 40.000 dólares por viaje, según afirmaron pescadores de San Mateo y Jaramijó, sus familiares y la policía. Al ser consultada sobre la presunta extorsión, la Policía Nacional de Ecuador declaró: «Algunos pescadores se ven obligados a participar en estas actividades, exponiéndose tanto a acciones de las fuerzas del orden como a represalias por parte de las organizaciones criminales».
La policía ecuatoriana estima que unos 300 residentes de Jaramijó han sido encarcelados en prisiones de Estados Unidos y El Salvador por delitos de narcotráfico en los últimos cinco años.
María Mero, esposa de un pescador del 'Fiorella', comentó que algunos hombres estaban reduciendo el número de salidas debido a las amenazas de los traficantes y a las operaciones militares. «Los pescadores ya ni siquiera quieren salir», afirmó.
«TODOS SON
REEMPLAZABLES»
Estados Unidos y Ecuador afirman que las interceptaciones en alta mar son fundamentales para combatir a los narcotraficantes, y ambos países han celebrado importantes incautaciones este año. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró que la operación 'Southern Spear' «protegería a nuestra nación de las drogas que están matando a nuestra gente».
La Guardia Costera de EE. UU. informó que su campaña antinarcóticos paralela había logrado la incautación de 91.000 kg de cocaína y la detención de 160 presuntos traficantes hasta el mes de abril. En marzo, una operación conjunta de la Guardia Costera y la Armada de Ecuador permitió recuperar 760 kg de cocaína a bordo de un atunero con bandera ecuatoriana; esta cantidad representó cerca del 6 % del total incautado frente a las costas de Ecuador durante el primer semestre de 2026.
Pero es poco probable que tales esfuerzos frenen el tráfico de cocaína mientras los cárteles cuenten con una amplia reserva de pescadores a quienes reclutar y extorsionar, señaló Vigil, el exfuncionario de la DEA. "Hacer volar estas embarcaciones no va a detener nada", afirmó.
Y a pesar de que los cárteles recurren cada vez más a pequeñas embarcaciones pesqueras, la gran mayoría de los cargamentos de cocaína sigue transitando por los grandes puertos comerciales, indicó Michelle Maffei, experta en crimen organizado de la Universidad de Guayaquil, en Ecuador.
"El gobierno actual, junto con Estados Unidos, está poniendo demasiado énfasis en las lanchas rápidas", comentó. "El hecho de que estén arrastrando a más pescadores, a más personas que viven en la pobreza y a más gente vulnerable hacia esta actividad no va a cesar simplemente porque lancen bombas en el mar".
Los narcotraficantes pueden reemplazar fácilmente a quienes mueren o son detenidos. "El crimen organizado comprende una realidad fundamental", dijo. "Todo el mundo es reemplazable".



